Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra   política de cookies AQUÍ.   Si continuas navegando, estás aceptándola.
Política de cookies +

Salud Holística Significado oculto del Cuerpo Significado oculto de los Síntomas Significado oculto de los Sistemas y Aparatos del Cuerpo Sistema Chákrico Toque Etérico Terapia de Meridianos Cromoterapia Sanación Sónica Elixires de Flores y Gemas Incienso y Aceites Esenciales Alimentos Reflexología El Sanador Responsable Sanación Vibracional a Distancia

   

La gran mayoría de nosotros vemos o experimentamos pocas cosas en la vida, nos limitamos a vivenciar las suficientes para poder satisfacer nuestras necesidades o aspiraciones inmediatas. Ignoramos que nuestros cuerpos son sistemas energéticos. Está muy extendida una actitud que podríamos expresar de este modo: «Tenemos médicos, así que… ¿por qué preocuparnos nosotros?». De esta forma, transferimos a los médicos nuestras responsabilidades y gran parte de nuestro poder innato y del control sobre nuestra salud. Y si somos tan despreocupados respecto a nuestro cuerpo físico y sus energías, no es de extrañar que abriguemos tantos prejuicios sobre las otras energías más sutiles de la existencia.

Podemos cultivar la capacidad de experimentar de modo palpable las energías más sutiles de la vida. Podemos empezar a darnos cuenta de que a nuestras energías no las detiene la barrera de la piel. Nuestras manos son puntos del cuerpo muy sensibles. Pues bien, es posible desarrollar esa sensibilidad para percibir sutiles emanaciones energéticas del cuerpo, así como para proyectarlas (introducirlas) en él.

La facultad de proyectar energías curativas a través de las manos ha recibido muchos nombre a lo largo de la historia: antiguamente solían llamarla «toque de reyes». Hoy en día, unos la denominan «toque terapéutico», mientras que otros hablan simplemente de «imposición de manos». Para nuestros fines, sin embargo, la llamaremos «toque etérico».

Se trata de un método en el que se emplean las manos para dirigir energías (humanas y espirituales) con objeto de buscar la curación.

Por medio de nuestras manos aprenderemos no sólo a sentir los desequilibrios energéticos del cuerpo y de su entorno inmediato, sino también a proyectar vibraciones para ayudar a restaurar el equilibrio. Aprenderemos a usar nuestras manos como catalizador para estimular al otro individuo a fin de que él mismo se cure.

Esta forma de sanación vibracional es de la máxima eficacia para aliviar el dolor y las molestias y para la relajación en general. Cuando te das un golpe en el codo o te haces un arañazo en la rodilla, ¿qué es lo primero que sueles hacer? Poner una mano en la zona dolorida y sujetarla, pues ayuda a aliviar las molestias. Nuestras manos son unas maravillosas herramientas terapéuticas naturales, y todo el mundo tiene la capacidad de perfeccionarlas más aún.

Por desgracia, cuando se trata de curar a alguien por medio de una técnica tan sutil como ésta, con frecuencia chocamos con sus convicciones. Sin reparar en resultados tangibles ni hacer ninguna verificación científica, lo cierto es que si la persona cree que tal cosa es imposible, la tarea de abrirle los ojos para que acepte lo contrario puede resultar muy ardua. La mayoría de nosotros nos hemos educado con muy poco o ningún conocimiento de las energías sutiles de la vida. Cualquier experiencia de ese tipo se suele atribuir a las “coincidencias” o a una imaginación calenturienta. Los ejercicios que aquí se proponen te ayudarán a disipar cualquier duda que tengas al respecto. Además, aumentarán tu sensibilidad.

Los resultados varían de una persona a otra. El quid de la cuestión está en la persistencia, pues todo el mundo puede obtener resultados tangibles, todo es cuestión de tiempo y práctica.

Aprender a usar el toque etérico es un compromiso con los demás. Abordas los ejercicios con sinceridad y ten presente que te estás embarcando en un proceso de autosuperación que dura toda la vida. Estás iniciando un proceso que te permitirá conocer mejor a los demás y a ti mismo. Vas a adentrarte en un territorio de sagrada percepción.

Aprende a meditar y a relajar tu cuerpo antes de iniciar los ejercicios. Cuanto más relajado te encuentres, mayor será tu concentración y más sensible te harás a las energías sutiles que quieres conocer y aprender a manejar. La relajación produce un estado hiperestésico, te vuelve hipersensible. Cuando estamos relajados –es decir, en un estado alterado de conciencia- experimentamos las energías externas más intensamente. En esas circunstancias, el sonido del teléfono resulta atronador, los olores son mucho más intensos y la luz y los colores mucho más brillantes. Ciertamente, el tacto se hace también más sensible, así que la relajación resulta muy útil para ayudarnos a percibir esas energías con las manos de un modo más eficaz.

EJERCICIO 1. Sentir y experimentar nuestras energías sutiles

 

En este ejercicio simplemente vas a intentar empezar a sensibilizarte a las sutiles emanaciones que envuelven el cuerpo físico. Si quieres, puedes practicarlo tú solo, pero ten en cuenta que es fácil de adaptar para hacerlo en compañía.

1. Siéntate y empieza a relajarte globalmente pero de manera progresiva, paso a paso.

2. Frótate las palmas de las manos enérgicamente durante un lapso de entre quince y treinta segundos. Nuestras manos son zonas muy sensibles, y además tenemos chakras menores en ellas. Al frotar las palmas, estimulas esos centros chákricos, aumentando su sensibilidad global.

3. Extiende las manos hacia delante entre treinta y cuarenta y cinco centímetros, con las palmas separadas y enfrentadas entre sí unos sesenta centímetros.

4. Acerca lentamente las manos entre sí todo lo que puedas, pero sin que lleguen a tocarse en ningún momento.

5. Ahora sepáralas despacio unos cinco o seis centímetros, y después vuelve a acercarlas todo lo que puedas sin que se toquen. Repite el proceso lentamente, con un movimiento uniforma. Debes moverte despacio, sin parar pero con decisión.

6. Al practicar este ejercicio, presta mucha atención a lo que notan o sienten tus manos. Tal vez experimentes algo así como una presión que se va acumulando, pero puedes tener otras sensaciones. Puedes notar embotamiento (como si la carne se volviera “de goma”), un cosquilleo, o que el aire entre tus manos se hace más denso. También puedes percibir calidez o frescor, e incluso experimentar una sensación palpitante.

7. Tómate unos minutos para tratar de definir bien lo que notas. No te devanes los sesos decidiendo si te lo estás imaginando o no. No te preocupes si es diferente de lo que cuentan otros. Todo vale. Recuerda que cada uno de nosotros tiene su propio sistema energético y que no hay dos iguales, por eso podemos experimentar un mismo fenómeno con sensaciones diferentes. Lo único que debes hacer es esforzarte en desarrollar tu percepción para que empieces a captar cosas más sutiles.

8. Este ejercicio te ayuda a desarrollar la concentración, y con él, además, empezarás a admitir que nuestros campos energéticos trascienden la barrera de la piel. Tal vez te convenga anotar en un cuaderno tus impresiones y experiencias después de realizar el ejercicio por primera vez, de este modo podrás compararlas con las que vayas adquiriendo más adelante. Eso te ayudará a apreciar mejor tus progresos en la experimentación de las energías sutiles.

9. Cuando hayas terminado el ejercicio, si quieres, todavía puedes hacer algo más para completarlo. Arremángate tu brazo débil (el izquierdo si eres diestro y viceversa) y a continuación dóblalo extendiendo el antebrazo hacia delante. Pon la otra mano (la del brazo fuerte) encima del antebrazo desnudo, en el aire, a unos treinta centímetros de distancia.

10. Baja lentamente la mano, acercándola al antebrazo desnudo. Presta atención a todo lo que percibas. ¿Cuánto tienes que acercar la mano para empezar a sentir la energía que irradia el antebrazo desnudo? Recuerda que las sensaciones pueden variar mucho: presión, espesamiento del aire, frescor, calidez, hormigueo, etc. En cualquier caso, será muy parecido a lo que experimentaste entre las manos, tal vez no tan intenso, pero deberías notarlo. Si no puedes, repite el ejercicio despacio. No olvides que estás despertando una facultad que ha permanecido dormida toda tu vida, al principio te costará un poco percibir estas energías sutiles que nos rodean.

EJERCICIO 2. Enviar y percibir patrones energéticos

 

Un antiguo axioma ocultista afirma que “Toda la energía sigue al pensamiento”. Donde ponemos nuestro pensamiento, comienza a manifestarse la energía. Nuestros patrones energéticos se ajustan por sí solos de acuerdo con los pensamientos. Nos decimos a nosotros mismos que lo normal es que cojamos dos resfriados cada invierno, y entonces los sistemas de nuestro organismo empiezan a trabajar en ese sentido, haciendo ajustes, con el resultado de que acabamos siendo más propensos y finalmente nos resfriamos un par de veces.

Cada día de nuestra vida abrigamos una amplia variedad de ideas y emociones, y aquellas que se repiten una y otra vez, afectan a nuestras pautas energéticas. La exposición a las energías del exterior también puede incidir en nuestros campos energéticos y afectar a nuestro equilibrio en general. Dichas energías son muy variadas, desde la ira o la codicia hasta la presión consumista; pueden ser cálidas y amistosas, o frías y manipuladoras, etc. Cuanto más sensibles nos hagamos a nuestros campos energéticos, mejor podremos reconocer y controlar todo aquello que nos afecta.

En este ejercicio vas a trabajar para aumentar tu conciencia: tratarás de percibir cómo te afectan las energías exteriores. A medida que tu sensibilidad aumente, aprenderás a bloquear los patrones energéticos negativos y a restablecer los saludables. Es decir, aprenderás a curar.

1. Siéntate en una postura cómoda y dedica unos minutos a relajarte. Si quieres, mantén los ojos cerrados durante el ejercicio, pero no es necesario.

2. Extiende una mano con la palma hacia arriba y ponle encima el dedo índice de la otra mano, separado de ella entre cinco y quince centímetros.

3. Respira hondo y despacio. A medida que inspiras y espiras, visualiza cómo la energía va surgiendo y acumulándose en la palma de la mano, debajo del dedo índice de la otra.

4. Cuando lleves ya unos cuantos minutos haciéndolo, empieza a mover despacio el dedo índice en círculos pequeños. Visualiza un chorro de energía que brota en espiral del dedo y crea un círculo energético que se posa suavemente en la palma de la mano abierta. No pierdas tiempo tratando de averiguar si son sólo imaginaciones tuyas o no, lo importante es probar que la energía sigue al pensamiento.

5. Presta mucha atención a lo que notes en la palma de la mano. Al igual que en el ejercicio anterior, las sensaciones varían bastante de unas personas a otras: puede tratarse de un círculo de calor que se va formando poco a poco, de un espesamiento paulatino del aire, de presión que se acumula, de un creciente hormigueo que da vueltas, etc. A veces, cerrar los ojos en este punto ayuda a percibir mejor la sensación. Cuanto más te concentres mentalmente en proyectar la energía, más intenso será lo que sientas.

6. Una vez que hayas terminado de trabajar con la palma de la mano, empieza con el antebrazo desnudo. Visualiza cómo envías espirales de energía desde el dedo que llegan a tu antebrazo. Como siempre, presta mucha atención a lo que percibas. Con el tiempo y mucha práctica, verás cómo la sensación que experimentes será siempre más o menos la misma, sólo que su intensidad irá aumentando poco a poco.

   

7. Hay una alternativa muy interesante que se practica con otra persona. Tiene una especial importancia de cara a empezar a usar el toque etérico para la sanación. Primero, haz que tu compañero de ejercicio te dé la espalda. Luego pon tu(s) mano(s) a una distancia de entre quince y treinta centímetros de su espalda, con la(s) palma(s) vuelta(s) hacia ella.

Empieza despacio, respirando rítmicamente. Al inspirar, siente cómo la energía de tu cuerpo se acumula en tu(s) mano(s). Al espirar, visualiza el chorro de energía que brota de ella(s) y llega a la espalda de tu compañero. Al cabo de un rato, empieza a mover lentamente la(s) mano(s), dibujando en el aire una forma geométrica sencilla: un círculo, un cuadrado, un triángulo, etc. Visualiza cómo dibujas esa misma pauta energética en la espalda de tu compañero con el chorro que sale de tu(s) mano(s). Convéncete de que él lo está notando perfectamente.

Concéntrate en el acto de proyectar la energía. A veces, visualizar el chorro energético como una cálida luz rojiza ayuda a que el compañero de ejercicio lo sienta de un modo más palpable. No te dé miedo experimentar.

8. Pídele a tu compañero que trate de identificar la figura que estás dibujando en su espalda. Escucha con atención la sensación que te describa y compárala con las que hayas experimentado tú en los ejercicios anteriores. ¿Qué rasgos en común presentan? ¿Qué diferencias tienen? ¿Qué podrías hacer para que la sensación sea más intensa e identificable? Ahora intercambiad los papeles para que sea tu compañero quien dibuje patrones energéticos en tu espalda. De nuevo, compara resultados para ver los rasgos en común y las diferencias.

9. A continuación, empieza a aumentar gradualmente la distancia. ¿Cuánto puedes alejar la(s) mano(s) de la espalda de tu compañero sin que deje de notar la pauta energética? ¿Nota él alguna diferencia con la distancia? Presta atención a las respuestas, te ayudará a incrementar tu sensibilidad global a las energías sutiles y a los efectos que causan en ti.

10. Por último, experimenta con lo siguiente: visualiza chorros de colores que brotan de tus manos o tus dedos. ¿Qué color experimentas con más claridad? A continuación ponte diferentes perfumes en las manos (visita el apartado de Aromaterapia). ¿Se intensifica la experiencia? ¿Qué ocurre cuando armonizas y visualizas las vibraciones tonales que afloran de tus manos. Averigua qué método o métodos puedes usar personalmente para amplificar tu sensibilidad a las energías sutiles y tu aptitud para dirigirlas conscientemente.   continuar leyendo...