Introducción Cuerpos energéticos Misión y funcionamiento Ciclos de evolución Bloqueos Detección Disolución Unidad y dualidad Chakra de la raíz Chakra sacro Chakra del pexo solar Chakra del corazón Chakra del timo Chakra del cuello Chakra frontal Chakra coronal Chakra coronal superior

«El ser humano es un arco iris, posee los siete colores a la vez. Ésta es su belleza. El ser humano tiene múltiples facetas, múltiples dimensiones. Su ser no es simple, sino de una gran complejidad. Y de esta complejidad surge la armonía que llamamos Dios: la melodía divina.» (Osho)

 

 

 

 

   

A todos nos han surgido en alguna ocasión preguntas como ¿quién soy? o ¿qué capacidades hay ocultas en mí?, ¿cómo puedo explotar al máximo todo mi potencial de felicidad y creatividad?

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Ningún otro ámbito del saber puede contestar a estas preguntas de forma tan amplia como el conocimiento de los centros energéticos del cuerpo. Cuando comprendemos la misión y los modos de funcionamiento de los chakras en todo su alcance, se esboza ante nosotros una imagen de nosotros mismos tan fascinante y sublime en su perfección potencial, que no podemos por menos que asombrarnos ante el milagro de la creación.

El ser humano es un arco iris, posee los siete colores a la vez. Ésta es su belleza. El ser humano tiene múltiples facetas, múltiples dimensiones. Su ser no es simple, sino de una gran complejidad. Y de esta complejidad surge la armonía que llamamos Dios: la melodía divina.

En este momento sólo somos ruido, no hay música; pero en el ruido están presentes todas las notas musicales. Redistribuidas, distribuidas de una forma más armónica, más artística, el ruido se transformará en una hermosa melodía. Sólo es preciso realizar un examen estético de nuestro propio ser…

El hombre es el puente entre lo animal y lo divino. Los animales son enormemente felices, pero inconscientes. Dios es enormemente feliz, y consciente. El hombre se sitúa exactamente entre los dos, en el limbo, vacilando entre ser o no ser.

El ser humano es un arco iris. El arco iris tiene siete colores, el ser humano tiene siete centros en su ser. La alegoría del siete es muy antigua: en la Antigüedad el número 7 se utilizó con frecuencia como símbolo de consumación, plenitud y perfección (espiritual). En muchas culturas se consideraba un número sagrado, y así, aún hoy día encontramos el número 7 en numerosos escritos religiosos, en mitos y en cuentos. También son siete los colores del arco iris, siete las notas musicales, y siete son los días que Dios tardó en crear el mundo según la teología cristiana. También nuestras semanas transcurren en un ritmo de septenas. Éste es el menor ritmo cíclico fundamental de nuestra existencia.

En India, esta alegoría ha tomado la forma de los siete chakras: el inferior es el muladhara y el superior es el sahasrara, y entre los dos hay cinco peldaños, otros cinco chakras. El ser humano tiene que pasar a través de estos siete chakras, siete peldaños hacia lo divino.

Los tres primeros chakras, están relacionados respectivamente con la comida y el dinero, el poder y la dominación, y el sexo.

Los tres primeros chakras son animales, los tres últimos son divinos, y entre los dos grupos está el cuarto, anahata: el chakra del corazón, el chakra del amor. Éste es el puente. El amor es el puente entre lo animal y lo divino: por debajo del corazón, el ser humano es un animal; por encima del corazón es divino.

En el quinto chakra, el amor se vuelve cada vez más meditativo, más devocional. En el sexto, el amor deja de ser una relación, ni siquiera es devocional, se ha convertido en un estado del ser; ya no se trata de amar a alguien, sino de ser amor, el flujo natural de la energía del amor.

Y en el séptimo chakra está el samadhi, sahasrara: hemos llegado a casa. La teología cristiana tiene la misma alegoría cuando cuenta que Dios creó el mundo en seis días y el séptimo descansó. Esos seis días son los seis chakras, los seis centros del ser. El séptimo es el reposo: estamos en casa, ahora podemos descansar.

El séptimo chakra es la llave de la conciencia pura, que transforma en oro cualquier cosa. Aquí, el enemigo se vuelve amigo, las maldiciones son bendiciones, y la desdicha se torna dicha: todas las situaciones se pueden aprovechar, pues se presentan con esa finalidad.

Los chakras y el mapa de la conciencia

Para entender el mapa de la conciencia que representa el cuerpo, podemos remitimos a algunas antiguas tradiciones hindúes que han estado estudiando la conciencia durante miles de años, y que utilizan el lenguaje de los chakras.

Los chakras no son físicos. Interaccionan con el cuerpo físico a través de dos vehículos principales: el sistema endocrino y el sistema nervioso. Cada uno de los siete chakras principales está asociado a una de las siete glándulas endocrinas, y a su vez a un plexo, es decir, un grupo de nervios.

De este modo, cada chakra puede asociarse a partes y funciones concretas del cuerpo controladas por el plexo o por la glándula endocrina asociada a dicho chakra.

Tu conciencia, tu experiencia del ser, representa todo lo que te es posible experimentar. Todos tus sentidos, todas tus percepciones, todos tus posibles estados de conciencia pueden dividirse en siete categorías. Cada categoría puede asociarse a un chakra en concreto. Así pues, los chakras no sólo representan unas partes concretas del cuerpo físico, sino también zonas concretas de la conciencia.                       

Cuando sentimos tensión en la conciencia, la sentimos en el chakra asociado a esa parte de la conciencia y, a su vez, en las zonas del cuerpo físico que están relacionadas con ese chakra. Donde sintamos el estrés depende del porqué sentimos ese estrés. Cuando alguien resulta herido en una relación, lo siente en el corazón. Cuando alguien está nervioso le tiemblan las piernas y la vejiga se debilita.

Cuando hay tensión en una parte concreta de tu conciencia, y por tanto en el chakra asociado a esa parte de la conciencia, la tensión es detectada por los nervios del plexo asociado a ese chakra, que la transmiten a las partes del cuerpo que controlan ese plexo. Cuando la tensión continúa durante un periodo de tiempo, o a un nivel de intensidad determinado, la persona crea un síntoma en el nivel físico. De nuevo, el síntoma sirve para comunicar a la persona, a través de su cuerpo, lo que le está haciendo a su conciencia. Cuando esa persona cambia algo de su forma de ser, es capaz de liberar esa tensión que ha estado creando ese síntoma y es capaz de volver a su estado natural de equilibrio y salud.

Leer el mapa

Cuando leemos el cuerpo como un mapa de la conciencia interior, trabajamos con la idea de que las tensiones en el cuerpo representan tensiones en la conciencia de la persona que afectan a lo que está sucediendo en la vida de esa persona en el momento en que aparece ese síntoma. La persona siente tensión por algo que estaba ocurriendo en su vida en ese momento.

Para completar este mapa, debemos mirarnos a nosotros mismos como una polaridad del yin y el yang, con características femeninas y masculinas.

Para la mayoría de personas, su lado derecho es el lado yang, su lado de la voluntad, su parte actuante o activa. El lado izquierdo corresponde al lado yin, el lado femenino, su lado de los sentimientos o de la adaptación. En el caso de las personas que han nacido zurdas, esta polaridad está invertida. Así pues, para una persona diestra, su pierna derecha puede describirse como la pierna de la voluntad, o su pierna masculina, o la base de su voluntad; para una persona zurda su pierna izquierda será su pierna masculina o de la voluntad, y así sucesivamente. De este modo podemos hablar del brazo de la voluntad, del ojo de la voluntad o de la ventana de la nariz de la voluntad, etc. Y el lado de que se trate dependerá de si la persona es diestra o zurda.

   

Cada uno de los chakras es energía que vibra a una cierta frecuencia, en una secuencia lógica y ordenada de siete vibraciones. A medida que vamos subiendo en la escala, los elementos se van haciendo más y más sutiles, moviéndose a través de los cinco elementos físicos -la tierra, el agua, el fuego, el aire, y el éter- hacia los elementos espirituales del sonido interior y la luz interior. El elemento más pesado queda en el fondo, y el más ligero en la cima. Es una secuencia lógica y ordenada.

Los colores del espectro también representan una serie de siete vibraciones en una secuencia lógica y ordenada, del mismo modo que las notas de la escala musical. De este modo, podemos colocar las vibraciones más pesadas o las que tengan mayor longitud de onda en el fondo, y las más ligeras en la cima. Puede usarse un color concreto para representar un chakra en su estado puro, del mismo modo que una nota musical. La música tocada en una clave en concreto hace vibrar a un chakra en particular, y nosotros nos sentimos de un modo especial cuando escuchamos esa música. Nuestra relación con un color en particular dice algo sobre nuestra relación con la parte de nuestra conciencia que representa ese color.