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El Tao (término chino que significa «camino»), es la fuerza primitiva producida por todas las fuerzas naturales del cielo y de todo el universo. Tao es una forma de vida, no es un Dios o una religión. Los principios del Tao fueron enunciados por primera vez por medio de símbolos y de palabras por los antiguos filósofos de la China, hace aproximadamente 5.000 años. Es una forma de equilibrar la vida.

El concepto de yin y yang es un ejemplo de esta filosofía.

El yin-yang es un símbolo dinámico. Muestra la continua interacción de dos energías y su equilibrio: como tal, es un símbolo de armonía. Es un símbolo que crea igualdad, pues sin el yin no podría existir sin el yang y a la inversa ocurre lo mismo, y sin la interacción de ambos, no se genera vida. No existe nada opuesto entre el yin y el yang. Son complementarios.

Cuando una de las dos energías llega a su máxima expresión, inicia la transformación en su opuesto: esto es lo que representan los dos puntos en el símbolo. En su máxima expresión, el yang contiene la semilla del yin, tanto como el yin contiene la semilla del yang.

En la medicina tradicional china se dice que a lo yang pertenece la luz, el sol, la masculinidad, el cielo, la claridad, la expansión, la actividad, la expresividad, lo que sube, lo que brilla… En cambio, a lo yin pertenece lo interno, la luna, la tierra, la feminidad, lo que desciende, la oscuridad, lo que retrocede, el reposo… o sea, sus contrarios. Es la teoría de los polos opuestos que, aunque parte de la filosofía taoísta, ha estado presente en todas las civilizaciones. En la cultura occidental los pioneros fueron Empédocles y Pitágoras. Además de médico, Pitágoras era matemático y hablaba de la existencia de contrarios como la base fundamental para la transformación de la naturaleza, en la que se incluía al hombre y sus manifestaciones.

El yin y el yang simbolizan la dualidad energética de la misma forma que los polos de un imán. Son dos y contrarios, pero están unidos de forma indisoluble. Los contrarios se manifiestan en todos los aspectos de la naturaleza y, como no podía ser menos, en el cuerpo humano, cuyo funcionamiento se basa en opuestos, como la contracción y la relajación del corazón o la inspiración y la expiración del aire por los pulmones. La lucha de contrarios que tiene lugar a nivel fisiológico y energético se traduce en un perfecto estado de salud cuando el organismo se encuentra en equilibrio, y en la enfermedad en el caso contrario. Por ejemplo, si en nuestras células entra magnesio, pero no sale calcio, o hay mucho potasio y poco sodio, se producen problemas cardiovasculares o renales…

El yin y el yang pueden subdividirse en grupos de contrarios: interior (yin), exterior (yang); deficiencia (yin), exceso (yang); frío (yin) y calor (yang)… Estas categorías forman los modelos principales de contrarios, un esquema de diagnóstico que se emplea en la medicina tradicional china para establecer una jerarquía en los síntomas del paciente.

Existen órganos yang que canalizan la energía, y sus bloqueos provocan dolores agudos, espasmos y dolor de cabeza. Y también existen órganos yin que mantienen la energía y cuyo exceso se manifiesta en dolores sordos, fatiga o tiritonas.

La representación tradicional del yin y el yang  son dos figuras, una negra y otra blanca en forma de gota, que forman un círculo con una línea ondulante que lo divide en dos. A medida que crece el yin, decrece el yang, y viceversa. El pequeño círculo que se encuentra en su interior simboliza que en las profundidades de la energía yin está la energía yang, y al revés.

Se trata de un dibujo sagrado que explica también la perfecta unión sexual. Sin embargo, en la representación completa existen unos dibujos denominados «trigramas» donde aparecen el yin con líneas discontinuas y el yang con líneas continuas. Son ocho, simbolizan tres elementos clave (la tierra, el hombre y el cielo) y recogen todas las combinaciones posibles de estas dos líneas. Los opuestos más evidentes son el cielo y la tierra; sus tres hijos (el trueno, el agua y la montaña); y sus tres hijas (el viento, el fuego y el lago). Los trigramas dan lugar al célebre I Ching.

yin y yang  

El mito sobre el origen de estos trigramas es de gran belleza: al principio de todo, en el universo estaba el vacío (wu chi); era como un huevo lleno de un «mar de aire» que comenzó a moverse sin descanso, y de ese movimiento surgió el agua (uno de los cinco elementos); el agua produjo la madera, y la madera dio lugar al fuego. El fuego calentó y expandió ese mar de aire hasta que el «huevo» (el universo) explotó. De esta explosión surgieron millones de partículas; las más claras y ligeras se elevaron hacia el cielo y crearon lo yang, mientras que las más sucias y pesadas descendieron hasta la tierra y formaron lo yin. Entre el cielo y la tierra quedaron el hombre y la naturaleza, que participan de ambos.

Según el taoísmo, cada ser, objeto o pensamiento posee un complemento del que depende para su existencia y que a su vez existe dentro de él mismo. Nada existe en estado puro, ni tampoco en absoluta quietud, sino en una constante transformación.

Lo yin y lo yang pueden calificar todos los conceptos existentes, por eso sus aplicaciones son ilimitadas. Por ejemplo, puede aplicarse al fluir del tiempo: el mediodía, cuando el sol se encuentra en lo más alto, es completamente yang, la medianoche es completamente yin, el atardecer sería el yang transformándose en yin, y el amanecer sería yin transformándose en yang.

También se usa para tratar enfermedades, según las medicinas tradicionales de Oriente, en las que se suelen contrarrestar determinados síntomas con tratamientos regidos por el concepto opuesto. Así el enfriamiento, un síntoma yin, sería tratado con comidas calientes, que son yang; una crisis nerviosa, yang, sería tratada con comidas frías (como frutas), que son yin.