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Los síntomas que experimentamos en nuestro malestar pueden decirnos muchas coas sobre los estados emocionales, mentales y espirituales que han contribuido a que el equilibrio se manifieste. Lo que viene a continuación no es un diagnóstico, son descripciones de síntomas comunes de los que se experimentan en diversos desequilibrios de salud. Los significados ocultos asociados a ellos no son todos los posibles. La idea simplemente es darte un punto de partida para examinar esos elementos en tu vida que contribuyen a crear malestar, que te ayuden a comprender mejor tu singularidad.

Ten presente que, en la mayoría de los casos, los síntomas tienen causas físicas deben averiguarse. Por ejemplo, los calambres pueden estar provocados por una deficiencia de calcio en la dieta. Cierto es que podemos corregirlo incluyendo más calcio en la alimentación, pero, si no averiguamos qué es lo que hace que nuestra ingesta de calcio sea incompleta, el problema probablemente reaparezca en el futuro.

Sí, es verdad que hay que tratar los síntomas físicos desde el punto de vista físico, pero también existe una causa metafísica que contribuyó a que se manifieste el problema. Debemos hacer pruebas hasta determinar qué circunstancias emocionales, mentales o espirituales han influido en la manifestación del malestar físico. Si no lo hacemos, estaremos poniendo un simple parche, no cuidando de la salud desde una perspectiva holística y preventiva.

Escalofríos y fiebre

Los escalofríos, como su nombre indica, son una sensación de frío que suele ir acompañada de temblores. Por lo general se experimentan a intervalos cuando se tiene fiebre. La fiebre es un aumento anormal e indebido de la temperatura corporal, que normalmente va acompañada de una aceleración del pulso. Estos dos síntomas reflejan el esfuerzo del organismo para librarse de lo tóxico quemándolo y para realinearse.

Los síntomas de los escalofríos y la fiebre reflejan dos preceptos básicos de la física. Si queremos convertir la materia en espíritu, debemos aumentar su energía o aplicarle calor; si lo que queremos es convertir el espíritu en materia, en cambio, debemos condensarlo, como por ejemplo aplicándole frío. Así, para convertir el hielo en vapor, aplicamos calor, mientras que para convertir el vapor en hielo, aplicamos frío.

La fiebre refleja también la conversión de la materia en espíritu. El aumento de la temperatura y la aceleración del pulso tienen por objeto calentar y quemar las toxinas acumuladas en el cuerpo físico. Esta conversión de las toxinas por medio de la fiebre es, por tanto, una forma de eliminación, pero también permite que nuestros cuerpos sutiles se desplieguen hacia fuera para atraer más energía a fin de mejorar el proceso curativo.

Los escalofríos reflejan la conversión del espíritu en materia, o un alineamiento más pleno entre ambos. El temblor que suele acompañar a los escalofríos es un medio para realinear los cuerpos sutiles con el cuerpo físico.

La fiebre elevada puede indicarnos que estamos perdiendo el contacto con lo espiritual. Puede reflejar una congestión tóxica de los asuntos físicos. Puede indicar la necesidad de estimular el cuerpo físico sometiéndolo a una actividad mayor, de elevar el ritmo cardíaco. ¿Has estado más sedentario que de costumbre últimamente? ¿Has estado eludiendo tareas que debías cumplir? ¿Has dejado que los asuntos pendientes se acumulen? ¿Has descuidado otros aspectos de ti mismo aparte de los físicos? ¿Se están acalorando las cosas a tu alrededor y no haces nada al respecto? ¿Están subiendo de tono tus deseos sin que los expreses como es debido? ¿Estás conteniendo la ira por algo sin exteriorizarla, obligándola a intentar liberarse del plano físico por otros medios antes de que suponga un problema?

Los escalofríos también reflejan todo un abanico de posibilidades. Los escalofríos causan contracciones musculares, un replegamiento del cuerpo hacia dentro. ¿Te estás encerrando en ti mismo de algún modo? ¿Estás tratando de rehuir algo? ¿Te has notado disperso y raro últimamente, como si necesitaras concentrarte y reafirmarte? ¿Has estado realizando tantas actividades que no te ha quedado tiempo libre? ¿Están desorganizados tus asuntos? ¿Estás agitando las cosas en un intento de poner orden en tu vida? ¿Estás rodeado de tanta actividad que te resulta difícil absorberla? ¿Te has sentido inseguro en algún aspecto de la vida, como si te hubieran “dejado fuera, en el frío”?

Congestión

La congestión es un fenómeno por el que una zona del cuerpo se llena en exceso o se sobrecarga. Es una acumulación excesiva de sangre, mucosidad, etc., en los conductos de un órgano o de una parte de un órgano. Los senos nasales y los pulmones son los lugares más comunes donde se produce, aunque el estreñimiento es también una forma de congestión.

La parte corporal donde se produce la congestión puede indicarnos muchas cosas sobre lo que nos está sobrecargando. Si es la cabeza la que está congestionada, ¿qué nos dice eso de nuestros procesos mentales? ¿Estamos permitiendo que nos invada la irritación? Nuestras preocupaciones, dudas y miedos… ¿nos están llenando la cabeza, la están congestionando?

Si la congestión tiene lugar en los pulmones, produciendo problemas respiratorios, eso también puede decirnos muchas cosas. ¿Estamos reprimiendo nuestras emociones? La congestión pulmonar  puede reflejar un llanto sofocado o interior que necesitamos exteriorizar. ¿Estamos aislados de las cosas y de las personas en la vida, o son otros quienes nos imponen ese aislamiento? ¿Es que no nos sentimos con derecho a ocupar espacio y por eso nos congestionamos? ¿Hay depresión o tristeza que no está siendo expresada? Eso también puede causar congestión. ¿Nos da miedo aceptar la vida (la respiración) y por eso se congestionan nuestros pulmones? ¿Nos sentimos sofocados por algo o estamos haciendo algo que nos ahoga de algún modo?

El estreñimiento es otra forma de congestión. Suele reflejar la negativa a eliminar ideas, emociones y antiguas pautas que ya no nos resultan beneficiosas. Quienes se aferran al pasado y se niegan a cambiar, suelen padecer estreñimiento en mayor o menor grado.

Calambres

 

Los calambres son contracciones repentinas e involuntarias de un músculo o un grupo de músculos. Muchas afecciones físicas pueden causar calambres, desde una carencia de calcio en el organismo hasta el hecho de ejercitar un músculo vigorosamente sin precalentamiento, pasando por la falta de alimento u oxígeno suficiente, etc.

También hay afecciones metafísicas que pueden contribuir a colocarnos en una posición que nos provoque calambres. Éstos son una fuerte contracción muscular. Significan un acortamiento, el aferramiento a algo. Con frecuencia son una respuesta de miedo o una negativa a encontrar tiempo para relajarse. Reflejan tensión, la interiorización de todo.

El lugar donde se producen los calambres es muy significativo. Los calambres en las manos pueden decirte que estás tratando de aferrarte con demasiada fuerza a algo o que no quieres dejarte ir. Tu cuerpo, mediante el acalambramiento, te está diciendo que necesitas relajarte y desahogarte. Si son en las piernas, pueden estar diciéndote que te estás moviendo y esforzando demasiado. No es nada raro que los individuos adictos al trabajo y las “supermamás” tengan calambres en las manos y en las piernas.

Los dolores menstruales, aunque muy parecidos a los calambres, no son tan fáciles de identificar. En muchas mujeres, la intensidad del dolor varía de un mes a otro. Un examen a lo largo de varios meses de las actividades, las emociones y las vivencias en general, ayudará a determinar las áreas problemáticas. Los dolores menstruales pueden reflejar cuestiones centradas en la propia femineidad y deberían meditarse con cuidado.

Fatiga

La fatiga nos dice, sencillamente, que estamos cansados, pero no sólo a nivel físico. Puede reflejar una actitud de “hastío de la vida” que ha comenzado a afectar a los niveles de energía física. ¿De qué estás realmente cansado en la vida: de tu trabajo, de tu pareja, de la tensión constante de la vida familiar? Cuando nos falta amor por lo que hacemos, la fatiga nos invade gradualmente. ¿No dedicas tiempo a realizar actividades agradables y divertidas? ¿Has olvidado quizá que la naturaleza humana necesita esparcimiento? A veces la fatiga surgirá para animarnos a encontrar formas de juego.

Infección

Las infecciones son una señal de que tenemos venenos o toxinas  en el cuerpo o en una parte de éste. Las infecciones pueden reflejar o revelar negatividad, ira y miedos que están empezando a afectar a la vida material de la persona, haciéndole más propensa a la infección o el contagio. ¿Estás albergando o alimentando preocupaciones, pensamientos y temores que sean “tóxicos”? ¿Estás dejando que te afecten la falta de armonía y la negatividad que te rodean? ¿Te estás exponiendo voluntariamente a individuos, situaciones y entornos negativos y poco saludables? ¿Qué malos hábitos estamos cultivando que hacen que las toxinas se acumulen en nuestro organismo?

Infectar significa “contaminar (un organismo o una cosa) con los gérmenes de una enfermedad”, pero también corromper algo que afecta negativamente a la calidad, el carácter o la condición. Esta definición debería indicarnos cómo enfocar el examen de cualquier infección. ¿Quién o qué ha estado afectando últimamente de manera negativa a la calidad, el carácter y la condición de tu vida?

Inflamación

La inflamación consiste en rojez, hinchazón, dolor, calor y, en general, la perturbación funcional de una parte del cuerpo, normalmente como reacción a un agente nocivo. Esta definición nos proporciona muchas pistas sobre el significado oculto de cualquier inflamación.

¿A qué agente nocivo (persona, circunstancia, actitud, negatividad, etc.) te has estado exponiendo? ¿Has estado enfadado e irritado con individuos y situaciones? ¿Abrigas acaso ira y frustración para las que no encuentras una salida apropiada? ¿Qué te está importunando en la vida, qué te impide experimentar paz y tranquilidad? ¿Te sientes enfadado y frustrado con tu vida o con algunas de sus condiciones? ¿Estás siendo excesivamente crítico contigo mismo o exponiéndote a aquellos que son muy críticos con tu persona? ¿No te apruebas a ti mismo por algo en este momento? ¿Te estás negando a cambiar viejas pautas (especialmente si la inflamación se repite)?

Irritación

En muchos sentidos, la irritación es un grado menor de inflamación. Algunos de los síntomas son los mismos, pero también puede haber quemazón y picor.

Cuando hay irritación, por tanto, deberíamos hacer las mismas preguntas que aparecen en el apartado de la inflamación, pero además… ¿hay algo que te esté molestando o fastidiando en la vida, incluso hasta el punto de sacarte de quicio? ¿Hay algún deseo no expresado o no cumplido (en el caso del picor) que estés desatendiendo? ¿Acaso tienes muchas ganas de hacer algo pero te reprimes? ¿Qué aspectos de tu vida no te satisfacen? ¿Qué asuntos pendientes puedes tener que te producen quemazón o picor? ¿Quién o qué te irrita más en estos momentos? ¿Quizá te da miedo que tus necesidades y deseos no sean satisfechos? ¿No estás contento con tu posición actual en la vida?

Náuseas

Las náuseas son esa sensación de asco que tenemos cuando decimos que algo “nos revuelve el estómago”. Pueden ir acompañadas de arcadas (el impulso involuntario de vomitar). Hay muchos significados ocultos en esto, así que al examinar nuestra vida cuando experimentamos este síntoma, podemos llegar a comprenderla muchísimo mejor.

¿De qué estás harto en la vida? ¿A qué actitud o actitudes que no puedes digerir has estado expuesto? ¿De qué estás tratando de librarte (en el caso de los vómitos)? ¿Tienes miedo a que te rechacen? ¿Te inspira rechazo alguien o algo? ¿Acaso no te sientes seguro y a salvo? ¿Tienes dificultades para “tragar” algo, para aceptarlo?

Dolor

El dolor adopta muchas formas distintas, así que en ocasiones puede resultar difícil señalar con precisión las áreas que se han agravado y han contribuido a producir el que estamos experimentando. En general, el dolor puede reflejar sentimientos como la culpa, las viejas heridas emocionales que no cierran, las actitudes demasiado críticas de otros o de nosotros mismos, anhelos, resistencia a los cambios y las mudanzas o la sensación de falta de libertad.

La ubicación del dolor puede ser muy reveladora. Si es la cabeza, puede que tenga que ver con lo que estamos pensando de nosotros mismos. Si es el corazón (en el caso de una pena o tristeza), puede reflejar nuestros sentimientos –o falta de ellos- hacia nosotros mismos, e incluso una falta de expresión del amor. No es nada raro que alguien que dice de otro que es insoportable o “más pesado que un dolor de muelas”, acabe teniendo dolor de muelas.

   

Por otra parte, el dolor puede ser crónico o agudo. El dolor crónico es aquel que recurre y persiste. En las afecciones u el dolor crónicos, es frecuente que haya asociada una negativa al cambio. Puede reflejar antiguos miedos y patrones de conducta obsoletos. El dolor agudo por lo general es intenso y penetrante, aunque no suele durar mucho. Refleja una enérgica llamada de atención que nos hace nuestro cuerpo. Tanto el dolor crónico como el agudo, pueden reflejar sensibilidad a las críticas y el hecho de sentirse abrumado por los detalles.

Examina tu dolor. ¿Es sordo, estás dolorido en general? ¿Es punzante? ¿Es continuo? ¿Es agudo? Todo ello proporciona pistas sobre lo que puede haber detrás del síntoma físico en sí. ¿Es que anhelas algo? ¿Anhelas amor? ¿Quizá no te apruebas a ti mismo o no te sientes aprobado por los demás? ¿Te estás castigando o te sientes culpable por algo? ¿Estás siendo excesivamente crítico o duro contigo mismo? ¿Te estás refrenando o estás restringiendo tus actividades sin necesidad? ¿Quién o qué es realmente el dolor de tu vida en estos momentos? Si es crónico, ¿quién o qué es siempre como un dolor?

Hinchazón

La hinchazón suele indicar un bloqueo en una actitud o proceso vital. Aquellos que están atascados en viejas pautas con frecuencia tienen problemas de hinchazón recurrentes. La zona del cuerpo afectada puede decirnos muchas cosas. Por ejemplo, unos tobillos hinchados (como por ejemplo por retención de líquidos), pueden reflejar la negativa a avanzar (el líquido no circula), o el deseo de que otros no avancen.

La hinchazón puede reflejar el hecho de estar uno atascado en pautas e ideas obsoletas, pero también problemas relacionados con la autoestima. ¿Acaso estamos siendo demasiado engreídos por algo? ¿Quizá no estemos desarrollándonos y creciendo cuando tenemos la oportunidad de hacerlo (y por eso aparece la hinchazón, el bulto, que es un atasco interno)? ¿Estamos sacando las cosas de quicio? ¿O es que nos estamos volviendo demasiado emotivos y no empleamos el sentido común y el realismo como debiéramos? ¿Nos estamos metiendo en las vidas de otros o en áreas que no nos conciernen?

Estos son sólo algunos de los síntomas posibles y algunos de sus significados. Con el tiempo, al realizar el examen por tu cuenta, conseguirás una comprensión específica sobre el tema. No caigas en la superstición al realizar este proceso de análisis. Por ejemplo, si un niño feliz y sano se hace un corte en el pie mientras está jugando y contrae una infección leve, no des por supuesto que ha manifestado un problema de otra índole. En el plano físico, los accidentes ocurren y no lo podemos controlar todo, pero una buena parte sí. Cuanto más nos demos cuenta de ello, más sanos estaremos. Cada vez que se manifieste un malestar, deberíamos tratar de aprender algo más acerca de nosotros mismos y de cómo responde nuestro cuerpo físico a aquello a lo que nos exponemos en el mundo.