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«La persona se restablece cuando se cansa de estar enferma» (Lao-Tsé)

   

Todo el mundo puede curar. Cualquiera puede aprender a administrar energías que aceleran y facilitan el proceso curativo. Es algo factible desde el punto de vista físico, emocional, mental y espiritual.

¡La esencia humana es maravillosa! Su capacidad de rejuvenecer y regenerarse no tiene más límite que nuestra propia conciencia. La cantidad de energía que tenemos a nuestra disposición para que se manifieste en nuestras vidas y las cambie –tanto física como espiritualmente- es enorme; sólo está limitada por nuestra capacidad de profesar más amor a los demás y a nosotros mismos.

Actualmente existen muchos métodos de sanación y medicina, muchas opiniones diferentes sobre cuál es el mejor. Lo cierto es que el único método bueno es aquel que funcione para ti. Cada uno de nosotros es único. Todos tenemos un sistema energético individual y exclusivo, así que el hecho de generalizar y agrupar en una sola categoría todos los síntomas y todos los problemas junto con sus respectivas causas y remedios nos hace un flaco favor a todos.

Parte de nuestra responsabilidad como individuos creativos, es encontrar el método o la combinación de métodos que funciona mejor para cada uno de nosotros. Eso requiere tiempo y estudio; algo que en nuestra actual sociedad es muy poco frecuente ya. Sorprende lo ignorantes que somos sobre nuestro cuerpo y su fisiología.

En el pasado, la mayor parte de nosotros cedimos la responsabilidad del conocimiento de nosotros mismos a determinados individuos, como son nuestros médicos actuales. Los médicos no son dioses; saben más sobre el cuerpo humano en general que la mayoría de nosotros, pero el caso es que sobre tu propio cuerpo, nadie sabe más que tú. Por desgracia, pocos lo admitimos o prestamos atención a las señales íntimas que nos envían nuestros cuerpos. Hemos llegado a un punto en esta sociedad (debido al alza de los costes de la asistencia médica, entre otras cosas) en el que es necesario que volvamos a asumir responsabilidad en el cuidado de nuestro cuerpo.

A la entrada de las antiguas escuelas místicas –aquellos centros superiores de estudio, sanación y espiritualidad-, sólo había un precepto: «Conócete a ti mismo». La clave de todo aprendizaje, de todo equilibrio en todos los ámbitos de la vida, estriba en este axioma que, si bien es muy simple, plantea tremendas dificultades para muchos de nosotros. La mayoría somos reacios a encontrar tiempo para conocernos a nosotros mismos, y, por tanto, cedemos a otros esa responsabilidad junto con el poder que conlleva. Contratamos a profesionales para que nos estudien en nuestro lugar. Es comparable a contratar a alguien para que coma por nosotros, para que vaya al baño en nuestro lugar, etc. Esta teoría suena muy bien, pero en la práctica es imposible.

Toda sanación procede de dentro. Nuestro cuerpo posee una tremenda capacidad de recuperar la salud. Sí, es cierto que a causa de la genética y de conceptos tales como el karma, puede existir una mayor predisposición o tendencia a padecer cierto tipo de problemas. La medicina ortodoxa puede servir de catalizador para corregir el problema, pero generalmente no corrige la causa.

La medicina moderna sigue sin estar segura de cómo se manifiestan las diversas enfermedades. ¿Por qué afectan a unas personas y no a otras? ¿Qué hace que algunos individuos sean más propensos a padecer determinadas dolencias y otros desequilibrios? Palabras tales como virus, bacterias y constitución debilitada no son verdaderas explicaciones. Los virus y las bacterias nos rodean todo el tiempo, así que ¿por qué no estamos enfermos constantemente?

Los métodos que se describen en este apartado en ningún caso deben reemplazar a la medicina ortodoxa. Son, simplemente, ejemplos de terapias probadas que otros usaron en el pasado, y las usaron junto con tratamientos médicos ortodoxos, en lugar de éstos o en diversas combinaciones intermedias. Todos estos tratamientos, tradicionales o no, ¡funcionan y son viables! Las técnicas descritas son sólo directrices generales. Han sido empleadas por muchos terapeutas a lo largo de la historia. Son talentos aprendidos; no hay que tener un «don» para poder utilizarlos. Son métodos simples y prácticos que no precisan de una gran formación académica.

Hay ocasiones en las que el enfoque médico ortodoxo (incluida la cirugía), es muy necesario para restablecer el equilibrio y la salud. Sin embargo, considerarlo como el único tratamiento posible, es negar que en nuestro universo opere una fuente de curación divina. Es lo mismo que decir que tal fuerza es estrecha de miras y parcial con respecto a la humanidad. Implica que la curación sólo puede obtenerse a través de ciertos individuos especiales.

El propósito de este sitio es proporcionar –a quienes estén dispuestos a realizar un pequeño esfuerzo-, la oportunidad de experimentar la aptitud terapéutica innata que reside dentro de nosotros, sin excepción. Podemos participar activamente en la curación de nuestro cuerpo al abrirnos a nuestras percepciones, al expandir nuestros conocimientos y al volver a asumir nuestra responsabilidad. Todos podemos aliviar nuestros dolores y achaques. Todos podemos favorecer los tratamientos médicos ortodoxos y, de paso, equilibrarnos a todos los niveles.

El saber popular afirma que la salud lo es todo. Por desgracia, no solemos apreciarla hasta que la perdemos. Piensa en cuántas veces te has prometido mejorar o cambiar de costumbres; sin duda, hiciste la mayor parte de esas promesas cuando estabas enfermo o abrumado por algo. Sin embargo, en cuanto empezamos a sentirnos mejor lo olvidamos o dejamos que vaya a peor. Ignoramos el hecho de que nuestro cuerpo se ha rebelado con una enfermedad para llamar nuestra atención.

Restablecer la salud y el equilibrio requiere esfuerzo. Sí, es cierto que nuestro organismo tiene una capacidad innata de recuperación; pero esta capacidad puede disminuir con los años, sobre todo si no hacemos nada para ayudar a que se conserve. El cuerpo humano no lo puede hacer todo él solo; si no le ayudamos, podemos encontrarnos metidos en crisis de salud que requieran curas cada vez más radicales, hasta que finalmente ya sólo seamos capaces de aliviar los síntomas, no de curarnos.

El hecho de trabajar con las tradiciones de sanación vibracional cumple muchas funciones. Abre nuestra conciencia a la capacidad de operar en algo más que el mero plano físico. Demuestra tangiblemente que podemos efectuar cambios en nuestros estados orgánicos mediante el uso apropiado de técnicas holísticas. Nos enseña lo que necesitamos saber de nosotros mismos, lo que debemos cambiar y lo que podemos controlar en nuestro cuerpo.

   

Es esencial que comencemos a reconocer las fuerzas que operan tras la enfermedad, sus verdaderas causas. Aprender sobre ellas, y sobre la profunda influencia que ejercen en nuestro bienestar físico, es uno de los principales objetivos de todas las áreas terapéuticas. No se trata sólo de tener fe en la eficacia de las técnicas, sino de que éstas se basen en la realidad física y operen de acuerdo con las leyes naturales del universo.

La sanación tal como aquí la entendemos, incluye localizar y eliminar los bloqueos energéticos dondequiera que se produzcan, sean o no de carácter físico. Para esto hace falta ser más conscientes y comprender mejor la naturaleza metafísica del organismo humano y su sistema energético. Si la energía se encuentra bloqueada en algunas partes (sobre todo si ocurre durante periodos prolongados) y abusamos de nuestro cuerpo, se producen disfunciones. Aquí podrás aprender formas sencillas de restablecer el flujo natural de energía en el área que está bloqueada o presenta cualquier disfunción. Hay muchas formas de conseguirlo. No son complicadas ni mágicas. Una vez lo experimentas, el mundo adquiere mayor significado; todos los pensamientos, todas las palabras y todos los hechos cobran más importancia, pues la interacción con lo físico se hace concreta y comprensible. Te darás cuenta que la vida  y la energía operan en todos los planos y dimensiones, tanto dentro de ti como a tu alrededor.

Cuando éramos niños no conocíamos los límites: todo era posible. Pues bien, necesitamos recuperar la chispa de la vida, necesitamos ver el mundo con ojos nuevos, como si lo estuviéramos haciendo por vez primera. Todavía queda aventura, magia y alegría para nosotros. Es mi deseo que esta información te ayude a experimentar un resurgimiento de la salud, el color y la luz en tu vida, para que puedas de este modo convertirte en un faro para quienes te rodean.