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PRINCIPIOS DE LA SANACIÓN SÓNICA

   

Los sonidos sagrados, ya formen parte de la oración, la música, los ensalmos o el canto, son una fuerza vital. Siempre se ha considerado que el sonido es un vínculo directo entre lo humano y lo divino. En un momento u otro, todas las antiguas escuelas místicas enseñaban a sus estudiantes el uso del sonido como fuerza creativa y terapéutica.

Cuando aprendemos a producir y dirigir sonidos terapéuticos específicos en el cuerpo físico a través de nuestros centros energéticos (chakras), se produce el equilibrio. Todo nuestro sistema energético se fortalece. Nuestra salud mejora a todos los niveles y podemos interrumpir las cualidades y pautas negativas a medida que surgen en nuestros cuerpos sutiles y físico. Todo comienza por entender los ocho principios básicos de la sanación sónica o sonoterapia:

1. El principio de la resonancia

La resonancia es el principio curativo más importante en el campo del sonido y la música. Designa la capacidad de una vibración para propagarse en forma de ondas para desencadenar una vibración similar en otro cuerpo. A través de la resonancia es como se pueden explicar la simpatía y la antipatía hacia otras personas y condiciones del entorno vital. También es el principio que nos permite contactar y sintonizar en el plano físico con las entidades y energías de las dimensiones espirituales o más etéreas de la vida.

Como mejor se demuestra el principio de la resonancia es por medio de un diapasón y un piano. Si percutiéramos un diapasón afinado en do central y luego levantáramos la tapa del piano, comprobaríamos que la cuerda de esa misma nota también se pone a vibrar aunque no hayamos pulsado la tecla. El diapasón desencadena una respuesta en los objetos de frecuencia similar a la suya. También puedes sentarte al piano, pisar el pedal de apoyo y cantar una nota en voz alta, sosteniéndola durante cuatro o cinco segundos. Si te pones a escuchar inmediatamente después, oirás al piano, pues tu voz ha desencadenado una respuesta en las cuerdas que están en sintonía con ella.

Sonoterapia - Principio de Resonancia
 

Cada célula de nuestro cuerpo es un resonador sonoro: tiene la capacidad de responder a cualquier sonido externo. Cada órgano, en el que se han reunido células de vibración similar, responderá como un grupo homogéneo a determinadas vibraciones sonoras. Los distintos aparatos y sistemas orgánicos también responden a dichas vibraciones, al igual que los estados emocionales, mentales y espirituales de la consciencia. El cuerpo humano es un sistema bioeléctrico que se puede alterar, fortalecer o equilibrar por medio del sonido; por medio de la resonancia.

Al aprender a dirigir y controlar nuestra voz, a tocar ciertos instrumentos musicales o a aplicar diversos tonos y formas de música, podemos estimular una enorme cantidad de vibraciones simpáticas en nuestro cuerpo y nuestra mente. Cuando hay un desequilibrio, podemos utilizar sonidos dirigidos y el principio de la resonancia podrá corregirlo y restablecer las condiciones de funcionamiento normales en esa zona.

2. El principio del ritmo

El ritmo es el pulso de la vida y afecta a todas las condiciones físicas. El batir de tambores de los amerindios representa los latidos del corazón de la madre tierra. El ritmo se puede usar para restablecer un pulso normal y saludable. La exposición a un ritmo regular y estable desencadena una respuesta similar en tu propio biorritmo.

Los ritmos regulares y directos restablecen el biorritmo natural del organismo cuando se perturba o pierde el equilibrio. Los individuos que tienen problemas cardíacos se benefician enormemente al escuchar rítmica y equilibradora música barroca, que calma y regulariza las pulsaciones del corazón.

En terapia, el ritmo (mediante tambores, maracas, etc.) energiza el cuerpo, y el creado con instrumentos de percusión, es especialmente beneficioso para activar los chakras basal y del bazo, que están relacionados con el sistema circulatorio y la fuerza vital básica y son nuestros centros de la sexualidad (la expresión física de nuestra vitalidad espiritual). Los ritmos intensos estimulan las energías físicas. El tamborileo es un buen medio para activar el flujo sanguíneo corporal. En general, el ritmo puede acelerar o ralentizar el ritmo cardíaco y la actividad de todos los órganos asociados a él.

3. El principio de la melodía

La melodía no puede existir sin relación, y por eso nos ayuda a ver cómo todo está conectado. Por sí solo, un tono no crea ninguna melodía; hace falta una serie de ellos colocados unos junto a otros en el orden adecuado.

Las melodías, ya sean entonadas con la voz, cantadas o tocadas en un instrumento musical, relajan y alivian la tensión mental y emocional que causa el malestar físico.

Las melodías sirven para aliviar el estrés y el dolor. ¿Quién no ha visto a una madre cantando y tarareando suavemente a su bebé cuando llora? Con frecuencia la madre también mece al niño, lo cual activa el principio del ritmo y ayuda a calmar el metabolismo infantil. Al cantarle a su hijo, la madre vincula sus energías a las de él (establece una relación) de modo que el dolor o la angustia se equilibran y remiten. Es una forma suave de resonancia forzada. Una de las actividades más terapéuticas que podemos realizar con regularidad es tararearnos y cantarnos sencillas melodías a nosotros mismos. Al hacerlos al volver a casa del trabajo, por ejemplo, restablecemos el equilibrio en nuestro organismo y ayudamos a limpiarlo de todos los residuos energéticos negativos que se hayan acumulado en él durante la jornada laboral.

Toda melodía está compuesta por tonos, los cuales nos afectan a muchos niveles distintos. Sólo se requiere que sean suaves y sencillos, ni siquiera hace falta cantarlos o tararearlos de una forma especial, ni escucharlos mucho tiempo seguido. La melodía es una de las mejores maneras de relajarse y prevenir la enfermedad física.

4. El principio de la armonía

 

La armonía afecta a nuestras energías sutiles y espirituales. A través de ella los aspectos físicos de nuestra energía pueden alinearse con nuestros aspectos más místicos. En la armonía radican los aspectos físicos, emocionales, mentales y espirituales del sonido. Cuando trabajamos con ella en sanación, cuanto más sencilla sea, tanto mejor.

Un acorde es un grupo de dos o más notas que suenan simultáneamente o de manera armónica. Los tonos se funden entre sí para formar una unidad de vibraciones que ningún tono por separado puede alcanzar. Estabiliza todos los aparatos y sistemas orgánicos y los hace resonar en sintonía.

Trabajar con la armonía es la clave del proceso alquímico; es la clave para alterar, trasmutar, aumentar, reducir y transformar nuestras energías a todos los niveles. Nos permite trasmutar estadios serios de cuerpo y modificar los estados de la consciencia. Al encontrar la combinación justa de tonos y ritmos en armonía, podemos desencadenar una resonancia dinámica que corrige y elimina grandes desequilibrios.

La armonía se refleja en todos los aspectos de la vida; es especialmente evidente en el desarrollo de las dotes psíquicas. Cuando cultivamos un dos psíquico (un tono), otros despiertan automáticamente y en armonía con él. Esos sectores y sistemas de expresión energética compatible con el primer tono se desarrollan y fortalecen. Muy bien podríamos llamarlo «armonía espiritual».

5. El principio del tono

Al aplicar la sonoterapia debemos considerar el tono en todas sus formas. El tono es el número de vibraciones por segundo de cada sonido. Si es alto, el sonido es agudo; y si es bajo, el sonido es grave. El tono, por tanto, está determinado por la velocidad a la que vibran las ondas sonoras. Cuando más rápidas son, más elevado es el tono (más agudo es el sonido). Así, al elevar nuestros niveles de energía física y espiritual nos abrimos a un mayor grado de salud.

Trabajar con las distintas pautas tonales puede ayudarnos a romper las pautas energéticas rígidas que están limitando nuestro desarrollo, nuestra conciencia y nuestra salud. Los centros chákricos se ven afectados por tonos específicos, y lo mismo sucede a sus correspondientes órganos, aparatos y sistemas subordinados. Si un órgano y su correspondiente chakra presentan un exceso o un defecto de actividad, podemos usar un tono graduado específicamente para hacer que vuelvan a funcionar dentro de la normalidad.

Los tonos que se emplean para tratar los chakras simplemente siguen la escala musical. Se pueden cantar, se pueden tocar con un instrumento o se pueden escuchar en forma de pieza musical escrita en la clave apropiada. Aprender a cantar o entonar los diversos tonos con nuestra voz natural, es una buena manera de restaurar nuestras energías y devolverles su grado de homeostasis natural. Algo tan simple como cantar o tararear la escala musical muchas veces es suficiente para estabilizar nuestro sistema energético, y constituye una buena dosis de medicina preventiva.

6. El principio del timbre

El timbre es otro factor que hay que considerar cuando usamos la sonoterapia. El timbre es la calidad de los sonidos, lo que diferencia a los que tienen el mismo tono, depende de la forma y la naturaleza de los elementos que se ponen a vibrar. Nos ayuda a distinguir e identificar los sonidos, las voces, los instrumentos musicales, etc. Cada sonido, cada voz y cada instrumento sonoro posee sus propias características distintivas.

La combinación del timbre y el tono es lo que produce los efectos más creativos en sonoterapia. El timbre induce respuestas que son o consonantes o disonantes. Ambos términos guardan relación con las percepciones energéticas del cuerpo, la mente y el espíritu a consecuencia de los estímulos externos y sus efectos.

Cada instrumento sonoro, cada voz, etc., afecta a un chakra diferente junto con sus aparatos y sistemas orgánicos subordinados. Cuando respondemos en consonancia al timbre de diversos sonidos (sean o no orales), desarrollamos una relación positiva. Las células de nuestro cuerpo reconocen qué sonidos son buenos para nosotros y responden en consecuencia. El sonido áspero y chirriante que hacen las uñas al arañar una pizarra tiene un timbre que crispa el sistema nervioso, mientras que el timbre de una flauta de bambú es sedante, nos calma.

Cuando los sonidos nos inducen una respuesta discordante, quiere decir que nuestras energías están captando que no son armoniosos para nosotros. Tales sonidos pueden ser musicales, pero también hablados, como ocurre con las críticas excesivas, los chirridos, etc. Si no prestamos atención a las señales que nos transmiten nuestros cuerpos, permitimos que los sonidos perjudiciales que llegan a nosotros nos perjudiquen sin necesidad.

Parte de la sonoterapia implica aprender a controlar el timbre de la voz para crear consonancia o disonancia, según requiera la ocasión. La mayor parte de nosotros lo hacemos naturalmente. Si deseamos que nos dejen en paz, adoptamos un tono de voz áspero y crispante para quienes nos rodean, a fin de ahuyentarlos. Cuando queremos ser simpáticos, en cambio, asumimos un tono más suave, dulce y ligero.

Con la práctica podemos llegar a efectuar cambios fisiológicos y espirituales en nosotros y en otras personas, cuando aprendemos a modificar el timbre de nuestra voz y a emplear el de diversos instrumentos musicales a fin de obtener el efecto deseado.

   

7. El principio de los efectos acumulativos y detectables

Los efectos del sonido son acumulativos. Cuanto más nos exponemos a los efectos beneficiosos, mayor y más permanente es su efecto sobre nuestras energías individuales. Y cuando más nos exponemos a los sonidos perjudiciales, mayor y más negativo es su efecto en nosotros a todos los niveles.

Nuestro cuerpo distingue muy bien entre los sonidos beneficiosos y los perjudiciales. Esas respuestas afectan a nuestro organismo y sus funciones fisiológicas, así como a nuestro estado emocional, mental y espiritual.

Nuestro cuerpo responde a todos los ruidos y sonidos. Por desgracia, no prestamos atención a esas respuestas. Lo que las terapias vibracionales y la salud holística en general nos enseñan es a ser más perspicaces. Sabemos perfectamente qué nos suena bien al oído. Nos sentimos atraídos hacia aquellas personas que hablan bien de nosotros, y compramos piezas musicales grabadas para disfrutar escuchándolas. Podemos detectar muy bien qué sonidos son buenos para nosotros y cuáles debemos evitar; basta con que prestemos atención de un modo más consciente.

8. El principio del sonido como energía

El sonido en cualquiera de sus formas es una fuente de energía y, como tal, se puede usar para interactuar con otras energías. El sonido –ya se trate de música, la voz, etc.- es una eficaz herramienta para alterar campos e impulsos electromagnéticos de la persona y del entorno.

Eso significa que cuando se produce un desequilibrio en los parámetros electromagnéticos normales del cuerpo (la disfunción de un órgano o de un sistema completo, por ejemplo), podemos utilizar los sonidos por separado o en combinación para restituir la homeostasis, aliviar el dolor e inducir la curación.

Como fuente de energía, el sonido es una buena herramienta para cambiar la consciencia y para ayudarnos a percibir la causa metafísica de los problemas físicos. Facilita la concentración, la relajación, el aprendizaje y la creatividad, y aumenta el nivel de concentración sobre los estados psicoespirituales. Para ello interactúa con nuestras ondas cerebrales modificándolas.

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