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Para leer con papá y mamá, y ¡todo el que quiera!

Queridos amigos, vamos a hablar de Reiki.

¿Qué es Reiki? No es el nuevo plato del menú del restaurante chino de debajo de casa de la abuela, ni es el nuevo videojuego que tu hermano mayor o tu primo se ha comprado para la consola, nada de eso. Reiki es una forma de sanación ¿Sanación? ¡Qué palabra! A veces los mayores utilizan palabras tan raras que hasta los más pequeños dudan de que ellos sepan lo que significa, pero te voy a explicar de una forma muy sencilla y clara todos los “palabros” que no entiendas.

Sanación es curación, como cuando estás malito y vas al pediatra, ese señor con las manos frías que siempre que se acerca a ti piensas que es más bien un mecánico, siempre con herramientas en el cuello. Y es que lo mismo que el mecánico se encarga del coche, el médico se encarga de tu cuerpo, pero ¿qué pasa cuando son tus sentimientos los que están malitos? En ese caso, ¿a quién llamamos?

Los sentimientos están enlazados con la energía, la energía de tu cuerpo. Esa energía hace que unos días estés súper contento, que otros estés triste y que otros, simplemente, no sepas cómo te sientes. No tienes ganas de nada, ni de ir al parque, ni de ver la tele… no sabes qué te pasa, pero algo te pasa, de eso estás seguro. Pues bien, para eso existe el Reiki.

Te contaré un secreto…

Tu mente posee un poder excepcional. ¡Es una súper-mente! Y tiene súper poderes. ¿Cuáles son los súper poderes de tu mente? Te lo voy a explicar con un ejemplo:

Es sábado por la mañana y papá te ha prometido que dejará de hacer las mil cosas que hace con los papeles de la oficina y te llevará a montar en bici, pero cuando te despiertas está lloviendo, ¡ya no podemos ir a la calle! Y estamos seguros, tanto tú como yo, que mamá no nos va a dejar echar carreras en el pasillo de casa… así que te pones triste, mucho. A la hora de comer no tienes ganas, no quieres probar esos macarrones con tomate que ha preparado mamá con todo su cariño, no quieres postre… y al final acaba doliéndote la barriguita. Tu mente ha transformado la tristeza en dolor de barriga. ¡Pues vaya poderes! Pero tranqui, porque mamá puede darte Reiki, ¿y cómo lo hace? Poniéndote sus manos llenas de amor en tu barriga, el universo, que es su amigo, va a ayudarla, y entre los tres hacéis que ya no te duela. ¿Has visto qué grande y bonito es el Amor? Y… ¿has visto que guay es tener al universo de amigo?

A veces la energía de nuestro cuerpo se desordena sin darnos cuenta, como tu habitación, y hasta que no es muy tarde, es decir, hasta que no encontramos los calcetines, no nos damos cuenta de que hay que ordenarla, o hasta que mamá no nos grita y amenaza con quitarnos la Wii, no nos ponemos manos a la obra.

Con el Reiki ordenamos nuestra energía, nuestros sentimientos, como si se tratara de nuestro cuarto, en cuanto veamos los primeros síntomas, que en este caso puede ser que no hayamos hecho la cama, (y si es mamá la que sigue haciéndola… bueno, ya es hora de aprender), y en nuestro cuerpo puede comenzar como un dolorcito de cabeza.

Dar Reiki no es complicado, no hay que tener unos súper poderes mágicos como Superman o Spiderman, o los Gormiti… No es necesario estudiar una carrera durante siglos (por si te has despistado, un siglo son 100 años). Sin embargo, hay que tener una preparación para llevar a cabo la tarea, no te preocupes, te lo cuento.

Primero tienes que ser un maestro, el maestro de Reiki es una persona que sabe mucho de este tema, una persona a la que puedes preguntar todas tus dudas y él buscará la manera de responderlas, con ejemplos, ideas… lo que a él se le ocurra. Es algo así como tu profesor del cole, para que te hagas una idea.

Una vez tengamos al maestro, todo es más fácil, primero te iniciará y te dará el primer nivel, después el segundo y por último el tercero, hasta llegar a ser maestro, cuando estés preparado. Una vez más, es como en tu cole, primero vas a preescolar, después a primera y luego a secundaria, pero ¡tranqui!, no son necesarios todos esos años para llegar a la maestría, además te voy a dar otra buena noticia, ¡tan sólo con el primer nivel puedes empezar a dar Reiki!

¿Quieres que te cuente el origen del Reiki, de dónde viene? Te lo contaré… ¡Vamos allá!...

La historia del Reiki es muy, muy, muy antigua, tanto que no hay una palabra para decir cómo de vieja es, y no, no vale compararla con la abuela. Pues bien, esa historia se perdió durante algún momento y en algún lugar, y nadie se preguntó por ella hasta que hace unos siglos, concretamente en el siglo XIX, un japonés llamado Mikao Usui se preguntó por ella. No fue que soñó con esa extraña palabra, ni tampoco recibió un mensaje al móvil (todavía no se habían inventado), el caso fue el siguiente:

Usui era profesor y enseñaba a sus alumnos en Japón, en una universidad Cristiana, como Jesús curaba a todos los que se lo pedían. Les enseñaba que Jesús curaba con las manos y uno de los alumnos se preguntó que si sólo curaba con las manos debía ser muy fácil, y si era fácil ¿por qué nadie lo había vuelto a hacer? Usui no supo contestar y según el Código de Honor Japonés, todo maestro debe resolver las dudas de sus alumnos. Así que Usui se puso a investigar y viajó por todo Japón durante más de ¡10 años! Hasta que tuvo una idea.

Sus compañeros de la universidad cristiana le dijeron que no podía contar aquellas cosas que había descubierto y Usui tuvo que cambiar de escuela y pasó de la cristiana a la budista.

Sé que eres un niño o niña muy listo, pero por si acaso ahora mismo no lo recuerdas, te diré que los budistas son esos monjes que se rapan la cabeza y que visten con túnicas naranjas. Hoy en día hay muchos budistas y no visten así, pero recuerda que estamos hablando de algo que sucedió hace mucho tiempo, y que nuestro amigo Usui fue directo a los templos donde habitan estos monjes y las túnicas naranjas son sus uniformes. Sigamos…

Los nuevos compañeros de Usui le explicaron que todo lo que había descubierto sobre la curación se había perdido hacía mucho, y no sabían muy bien cómo explicarlo ya que en los libros que tenían no aparecía nada. Entonces Usui viajó hasta otro monasterio donde conoció a un sacerdote igual de intrigado que él y lo animó a que siguiera con sus investigaciones.

El doctor Mikao Usui, estudiando mucho, descubrió una fórmula para explicar cómo curar con las manos, al igual que hacían Jesús o Buda, pero conocer sólo la fórmula no significa que sepas cómo usarla. Así que Usui decidió seguir la fórmula que había descubierto, paso a paso.

Usui viajó hasta la montaña sagrada de Kori-Yama, donde ayunó (no comía nada, sólo bebía agua), meditó y siguió la fórmula al pie de la letra.

Colocó veintiuna piedras delante de él y cada día que pasaba quitaba una, cuando quitó la última sin que hubiera pasado nada espectacular… bueno ni espectacular ni nada, no había pasado nada, se levantó de su sitio. Era de noche y no se veía nada, menos mal que estaba a punto de amanecer, y pensó detenidamente qué haría después. En ese momento, vio un punto de luz que se acercaba, se dio cuenta de que ese punto de luz ¡estaba vivo, y se comunicaba con él!

La luz le ofreció la respuesta que buscaba, pero tendría que pagar un alto precio. Le preguntó si estaba dispuesto a arriesgarlo todo por ese conocimiento. Usui lo pensó, le dio vueltas a la cabeza pensando en todo lo que había viajado, en todas las personas con las que había hablado, y todos los libros que había leído. ¡Eran muchos! Y tomó una decisión, se arriesgaría a todo por tener ese conocimiento, por saber cómo se podía curar tan sólo con la fuerza del amor.

La luz, en forma de rayo, le dio en la cabeza. Y Usui se desmayó. Al desmayarse comenzó a ver unas preciosas burbujas de luz rellenas de colores. En esas burbujas había símbolos y cada vez que veía uno sabía lo que significaba y para qué servía. Así el maestro Usui fue iniciado en Reiki.

Usui bajó de la montaña sagrada sabiendo cómo Buda y Jesús curaban con las manos, solamente con las manos.

 

Cuando Usui bajó de la montaña tuvo cuatro experiencias muy importantes, que en la historia de Reiki se conocen como “Los Cuatro Milagros”.

El primero fue que cuando bajaba se golpeó el dedo gordo del pie con una piedra. Pues bien, al golpearse, se llevó las manos al pie y descubrió que sus palmas se calentaban y que el dolor desaparecía.

Al llegar debajo de la montaña, Usui entró en un restaurante y pidió ¡una comilona! Recordemos que había estado ayunando durante veintiún días. Durante ese tiempo sólo había bebido agua, así que ahora debía tener cuidado con lo que comía, pues se podía hacer daño en el estómago. Era peligroso pedir taaaanta comida, es como cuando te pones malito vomitando y mamá sólo te da arroz blanco… y aquarius, pero en aquella época no se había inventado el aquarius. En fin, que Usui ¡se puso morado! Y no le dolió ni siquiera un poquito la barriguita.

El tercer milagro fue una lucha contra un dolor de muelas. Si alguna vez te ha dolido un diente… bueno, te aseguro que duele mucho. La camarera del restaurante tenía un problema con un diente que no la dejaba en paz, daba y daba la lata… hasta que Usui tomó su cara entre sus manos y el dolor… ¡se fue! ¡Nada de dentistas!

Cuando Usui llegó hasta el templo donde había vivido junto con su amigo, aquel que le había dicho que siguiera la fórmula, descubrió que éste estaba en cama, malito. El lama (sacerdote budista) no se encontraba nada bien y Usui decidió poner en práctica lo que había aprendido, colocó sus manos sobre su amigo ¡y lo curó! Así se produjo el cuarto milagro.

A este descubrimiento que el punto de luz le había confesado, Usui le puso el nombre de Reiki. Reiki significa fuerza vital universal.

Usui pasó varios años curando a la gente y se dio cuenta de que había algunas personas que no le hacían mucho caso una vez curados. Nuestro amigo Usui curaba los cuerpos de los que estaban malitos con la fuerza del amor, ayudado por el universo que se hizo su amigo cuando aquella bolita de luz le dio en toda la frente. Ayudado por sus amigos los budistas, siguió investigando el problemilla de la gente y llegaron a la conclusión de que tenían que curar también sus sentimientos y emociones.

Por eso Usui y las enseñanzas budistas crearon los Cinco Principios del Reiki:

• Sólo por hoy no te irrites
• Sólo por hoy no te preocupes
• Da las gracias
• Trabaja
• Sé amable y respeta

Mikao Usui era profesor, y como tal decidió enseñar la doctrina del Reiki en Japón, a dieciséis maestros, siendo uno de ellos el doctor Chujiro Hayasi.

Este hombre de nombre tan raro para nosotros (porque seguro que para los chinos Pepe es un nombre súper raro), tenía la misión de preservar el Reiki, esto es, que tenía que tener cuidado para que no se volviera a perder el Reiki y que todo el viaje de Usui no hubiera servido para nada. Para que eso no ocurriera, Hayasi abrió una clínica de Reiki donde acudían muchas personas, y una de ellas fue la señora Hawayo Takata.

Esta señora estaba muy malita y se quedó tan impresionada por el Reiki que le pidió a Hayasi que la enseñara. Como Takata insistió tanto, Hayasi no puedo negarse, y le enseñó. Gracias a ella el Reiki se instaló también en Hawai, y en toda Norteamérica, y en Canadá y en Europa… vamos, que este método de curación viajó por todo el mundo!

Y ésta, mi querido amiguito, es la historia de cómo el Reiki volvió a surgir, después de mucho tiempo olvidado, y llegó hasta nosotros, viajando por todo el planeta.

Después de contarte esta pequeña historia (que en realidad es enorme por la importancia que tiene), puedo contarte cómo se da el Reiki.

Si te fijas bien en los adultos, verás que utilizan las manos para todos los trabajos. Lo mismo que tú pintas y haces creaciones maravillosas, aunque la abuela ponga cara rara y no vea el retrato que le has hecho y te diga: “¡qué pez tan bonito!”.

   

Ellos aporrean como locos las teclas del ordenador, operan con un pulso perfecto, tocan la guitarra y hacen mil cosas más, con las manos. Así que como no podía ser de otra forma, el Reiki se da con las manos. Son ellas las encargadas de ordenar la energía del cuerpo que como hemos dicho antes, se había desordenado solita, como tu habitación… El universo ayuda también y como es nuestro mejor aliado y compinche de aventuras, nos presta su energía, para que el que da Reiki no se agote ni se canse ni se quede frío a media tarde.

Es muy importante que tengas en cuenta lo siguiente: el Reiki no puede imponerse a nadie, no puedes obligar a nadie a que se tumbe y le hagas un poco de Reiki. La persona que quiera recibirlo lo pedirá, no te preocupes por eso.

Otra cosa que quiero que sepas es que tienes que respetar a todos aquellos a los que no les haya gustado esta historia, a todos los que no se interesen por el Reiki y a todos lo que sí. El respeto es la base de todas las historias.

Lo más importante que has de saber y recordar siempre, siempre, es que la fuerza que mueve le universo es el amor. El amor alimenta los músculos que el universo usa para ayudar a todos los reikianos. ¡Piensa en ello!

Hasta aquí te puedo contar, mi querido amiguito y amiguita. Gracias por leer la historia del maestro Usui y acompañarlo en este viaje tan largo y cansado a la montaña sagrada. Recuerda que tú también puedes ser Reikiano, sonriendo siempre y dando las gracias por todo aquello que te guste y te haga feliz.