La Piel

La Piel


Con una superficie total de entre metro y medio y dos metros, la piel es el órgano más grande y más pesado del cuerpo humano y de una impresionante versatilidad. Representa aproximadamente una sexta parte del peso corporal, sin embargo, tiene tan sólo unos pocos milímetros de grosor...

EnergiaInterior - Cosmética Natural: La Piel

No todos los órganos del cuerpo son internos, como el cerebro o el corazón. Hay uno que usamos desde el exterior: la piel. Esta cubierta carnosa hace mucho más que permitirnos lucir un aspecto atractivo. De hecho, sin ella, literalmente nos evaporaríamos.

La piel, el órgano sensorial más extenso del cuerpo humano, actúa como un escudo impermeable y aislante que protege al cuerpo de los estímulos externos. Como un abrigo, nos envuelve para no ser heridos directamente por la presión y los golpes. Con sensores que transmiten dolor o picazón, la piel también advierte de la presencia de peligros, como temperaturas extremadamente altas o bajas. También exuda sustancias antibacterianas que previenen infecciones y fabrican vitamina D para convertir el calcio en unos huesos saludables.

La piel, por su función de regulador térmico, es responsable de mantener a un nivel constante la temperatura interna del cuerpo. Cuando hace calor, la circulación en los vasos sanguíneos se acelera para liberar calor. Si esto no es suficiente, la piel suda para bajar la temperatura corporal. Sin embargo, si hace frío, ocurre lo contrario: la piel reduce la circulación de la sangre en las venas para mantener el calor en el cuerpo. Por eso, cuando hace frío, nuestras manos y pies son los primeros en enfriarse.

Nuestra piel también nos protege de los rayos del sol. Durante las exposiciones directas, desarrolla un estrato córneo y una pigmentación más oscura: bronceado. Estos dos elementos actúan como un filtro que limita en cierta medida la penetración de los nocivos rayos UV. El daño causado por el sol puede ser parcialmente reparado por la propia piel, sin embargo, necesita tiempo para hacerlo. Si se expone durante décadas a la contaminación del sol, el viento y el aire, la piel se vuelve flácida, seca y arrugada.

La piel, además, es un gran sensor repleto de nervios para mantener el cerebro en contacto con el mundo exterior. Al mismo tiempo, nos permite la libertad de movimientos, demostrando ser un órgano increíblemente versátil.

El sistema nervioso central y los órganos sensoriales, como la piel, se desarrollan a partir de la capa celular primaria mientras todavía somos embriones. Esto le permite al feto en el útero de la madre interactuar con su entorno a través de la piel.

La piel cubre todo el cuerpo y se convierte en membranas mucosas en las aberturas, como la boca o el ano. Está vagamente relacionada con los tejidos inferiores y varía en grosor de 0,5 milímetros en los párpados a 4 milímetros o más en las palmas de las manos y las plantas de los pies.

El color de la piel

Determinado por la herencia genética, el color de la piel se debe a las melaninas, pigmentos producidos por los melanocitos. Dependiendo del tamaño y distribución de los melanosomas (gránulos de melanina que se distribuyen en la epidermis) y dependiendo de la cantidad y naturaleza de los pigmentos en los melanosomas (hay dos tipos de melanina: la eumelanina, de color marrón-negro y la faeomelanina, de tonos rojos-anaranjados), la piel será más o menos oscura y con tonos más o menos rosados, amarillos o cobrizos. En la piel clara, los capilares sanguíneos pueden agregar un color rosado, excepto en personas con una capa gruesa de grasa subcutánea.

La producción de melanina aumenta durante la exposición al sol, el color de la piel variará significativamente según la estación y el estilo de vida.

El tipo de piel es independiente del color de la piel, aunque es cierto que a menudo encontramos tipos de piel similares dentro del mismo color de piel.

La piel y su pH

El pH mide la acidez de la piel. Los valores de pH varían de ácido a alcalino (o básico) en una escala de 1 a 14:

●  1 ≤ pH <7: pH ácido
●  pH = 7: pH neutro
●  7 <pH ≤ 14: pH básico

En general, la piel tiene un pH de entre 4 y 7. En promedio suele ser de 5,5, o sea, ligeramente ácida, pero puede variar dependiendo de las zonas del cuerpo de que se trate (axilas, membranas mucosas íntimas…) y la edad.

El índice de pH en la piel del rostro suele ser el siguiente:

●  La piel normal tiene un pH de 6.5: un pH casi neutro
●  La piel seca tiene un pH por debajo de 6.5: es ácida
●  La piel grasa tiene un pH superior a 6.5: se dice que es alcalina

La cosmetología puede variar significativamente el pH de la piel, siempre que se utilicen productos adecuados de manera consistente.

Un producto con pH fisiológico tiene un pH ajustado al de la piel. Hablamos entonces de pH neutro para la piel.

La piel: el reflejo del alma

La piel es un órgano en sí mismo que desempeña un papel vital, no sólo en la protección del cuerpo contra las agresiones externas, sino también a nivel estético y emocional. La piel es a menudo un reflejo de nuestras emociones: se sonroja, se marchita, está opaca, secreta sebo o reacciona de acuerdo con nuestros estados de ánimo.

Nuestra piel vive con nosotros, respira y reacciona a nuestro estado general de salud. Se somete a agresiones externas diarias (contaminación, rayos UV, frío, viento, humo, productos de limpieza...) y también manifiesta los efectos de los cambios internos (hormonas, fatiga, embarazo, excesos, falta o desequilibrio de los alimentos…).

La piel, especialmente la del rostro, también evoluciona con el paso del tiempo y refleja nuestra edad. Ésta es nuestra "fachada", una de nuestras herramientas de seducción y comunicación, y a veces, un medio de expresión o "exhibición" social.

Como órgano sensorial, la piel es responsable de nuestro sentido del tacto. Nos advierte de los estímulos externos y aporta información al cerebro sobre las sensaciones.

Todas las formas de contacto, ya sean placenteras o no, son percibidas inicialmente por nuestra piel. Los diferentes receptores transmiten estas sensaciones a nuestro cerebro. Cualquier forma de contacto físico tiene un efecto en nuestra psique: se producen hormonas y sustancias con un mensaje. Es por eso que generalmente percibimos los abrazos, las caricias y los masajes como sensaciones agradables y positivas.

El tacto es esencial para el bienestar del ser humano. Recibir gestos amorosos es fundamental, especialmente para bebés y niños. El tacto promueve el desarrollo del cerebro y la distribución de las hormonas del crecimiento. Los adultos también disfrutan de los beneficios de las caricias delicadas: se producen endorfinas (hormonas de la felicidad) y reducen la presión arterial.

El tacto tiene un efecto calmante y una influencia positiva en nuestra vida emocional. Si estamos estresados ​​o no tenemos contacto humano, la piel a menudo reacciona desarrollando manchas, impurezas o sequedad. Las emociones positivas facilitan la circulación sanguínea de la piel y trabajan los músculos activados por la risa. El resultado? Una tez fresca y buen humor. La piel es el espejo del alma: si nos sonrojamos o marchitamos, es el reflejo de nuestras emociones.

Toma estas advertencias en serio y escucha atentamente lo que tu piel tiene que decirte. Si algo es bueno para ti, la condición de tu piel hará que lo notes: si te sientes bien, tu piel también... En resumen, las demostraciones de afecto como el amor, el consuelo y el cuidado, son buenos para la piel y también para el alma.

Buenos Hábitos en tu Rutina Diaria

La Limpieza

Éste es el paso esencial en el ritual del cuidado de la piel. Es aconsejable limpiar la piel del rostro por la mañana y por la noche para eliminar la suciedad externa, la contaminación, el maquillaje y también las toxinas secretadas, las células muertas, el exceso de sebo... La limpieza permite que la piel respire y la prepara para la aplicación de un cuidado nutritivo e hidratante.

El Cuidado

Aplicado después de la limpieza, el objetivo principal del tratamiento de día es proteger y mantener la hidratación de la piel durante el día; y por la noche, nutrirla y ayudarla a regenerarse.

Dependiendo de las necesidades de tu piel, puedes incorporar a tus cuidados diferentes tipos de principios activos: humectantes, antiarrugas, calmantes, seboreguladores...

Buenos Hábitos Ocasionales

La Exfoliación

Es una limpieza profunda, que elimina las células muertas, refina la textura de la piel y limpia las impurezas a fondo. Aplica un exfoliante de 1 a 2 veces al mes, o hasta 1 vez por semana, dependiendo de tu tipo de piel.

La Mascarilla

Es un cuidado profundo, que se realizará una vez por semana. Dependiendo de las necesidades de tu piel, elígela para purificar, reequilibrar, descongestionar, calmar, nutrir... En cualquier caso, es un truco brillante.

La mascarilla se aplica sobre la piel completamente limpia y seca y se deja actuar durante 10-20 minutos.

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