El despertar de la energía kundalini Las 3 puertas de kundalini Kundalini yoga Los chakras y kundalini yoga Ejercicios de kundalini yoga

   

Antes de comenzar, ser o terminar, el universo estaba en un plano metafísico suprasensorial conocido por Dios. En el instante del impulso de la creación, una pequeña vibración, causó una pequeña diferencia que provocó una cascada ilimitada de diferencias, e hizo el Universo tal cual lo conocemos ahora.

Esa división original, semejante a una gran explosión o expansión, cuyo origen fue un punto que está más allá de las dimensiones conocidas, vibró y se manifestó en el mundo físico. La semilla del Universo se abrió y expulsó energía de todos los tipos y frecuencias hacia todas partes simultáneamente. Al principio, cada forma de energía podía comunicarse, transformarse y conectarse con las demás. Esta «democracia» de la energía fue la versión física de la unidad mística.

A medida que los micro movimientos del tiempo progresaban, el universo fue congelándose rápidamente, cuajando, solidificándose en diferentes formas, y las energías se separaron en diferentes campos. Aún se mantenían conectadas en su esencia y con el núcleo original, pero en relaciones más complejas, que aparentemente las diferenciaban entre sí. Al mundo de la ciencia física le ha tomado siglos de estudio reconocer esas conexiones. La termodinámica, que estudia la transformación de la energía de una forma a otra, ha descubierto por fin que la materia y la energía son equivalentes. Ahora los científicos buscan el eslabón por el que todas las fuerzas conocidas han evolucionado y siguen evolucionando, la ley única que dio origen a todas las formas, el campo unificado bajo esa ley única. En la vasta red de energías universales, los seres humanos somos un organismo complejo capaz de interactuar y comunicarse con muchos niveles de energía.

En el ámbito físico, tenemos las mismas limitaciones que los objetos físicos. Nos derretimos y nos disipamos con el calor excesivo, nos rompemos cuando una gran fuerza nos impacta, la gravedad nos hace caer si no tenemos apoyo. Pero, a diferencia de las cosas, los humanos somos capaces de comprender los niveles más sutiles del Universo. Podemos existir, conectarnos, comunicarnos, obtener fuerza, manifestarnos y pensar en esos niveles más allá de lo físico. Somos como un chakra, un círculo o vórtice de energía que penetra varios niveles de existencia. A diferencia de los exploradores externos de la ciencia, que creen en un solo nivel de existencia, los exploradores internos han encontrado, desde el principio de la humanidad, que el Universo es, ontológicamente, en su Esencia misma, de múltiples niveles. Nuestra falta de habilidad para comprender y relacionarnos con ese Universo de múltiples niveles es como el dilema que enfrentan quienes tratan de conciliar la idea de que un fotón puede actuar como una partícula o como una onda, dependiendo de las circunstancias y del modo en que es observado.

Para el intelecto es más fácil y más seguro clasificar la luz en uno de los dos conceptos, pero, experimento tras experimento, se ha demostrado que el fotón no es onda ni partícula, que puede ser uno u otro, uno y el otro, ninguno o ambos. Los experimentos de la física en esos niveles nos llevan a una dimensión diferente de la que hemos considerado normal. Sea lo que sea un fotón, puede serlo de muchas formas. Sus fases o niveles de manifestación varían según el observador y las circunstancias de la observación. Su naturaleza individual depende del estado actual de todo el Universo mayor con el cual está conectado. Su esencia real está más allá de nuestros sentidos, pero existe. Nuestra alma o esencia tiene esa misma relación con nuestra mente y con nuestras experiencias cotidianas. Nosotros podemos ser como partículas u ondas, como el hemisferio derecho del cerebro o como el izquierdo, pero en esencia, somos más que esas clasificaciones y somos más de lo que nuestros sentidos pueden captar. El vórtice de energía que somos contiene subvórtices, centros de energía que cruzan e interconectan los niveles de la existencia. Esos centros pueden considerarse de diferentes maneras.

Podrías imaginarlos de una manera terrenal, como ruedas; de una manera acuática, como remolinos de agua; área, como un torbellino de viento, o como filamentos etéreos de lo divino que tocan los instrumentos de los sentidos y preservan las puertas de nuestra vida interna. La aparente separación que percibimos con todo lo que nos rodea está equilibrada por la íntima unidad que compartimos con todo. Ambas afirmaciones son verdaderas y ninguna es completa como un pensamiento acabado. Las prácticas espirituales nos permiten ver esa conexión, y nos guían para relacionarnos con todos los niveles de nuestra existencia. Nos ayudan a no sentirnos fatalmente atraídos, como si estuviéramos en trance permanente, hacia las dimensiones inferiores de lo que es ser un ser humano.

Los sentidos son atractivos. El impulso o fuerza de manifestarse, reproducirse y sentir es universal. Es una fuerza irresistible llamada maya. Un velo que hipnotiza y crea una ilusión de realidad falsa. El flujo opuesto es la transcendencia, la iluminación, la fuerza Kundalini de la conciencia. Cada uno de nosotros puede actuar en sincronía con el campo superior del cual provenimos y con el cual vivimos. Podemos conectarnos con el campo de energía original, que algunos llaman Dios o Espíritu. O podemos correr un velo sobre esa realidad, pretender que estamos totalmente solos y limitarnos a actuar dentro de lo denso, en la dimensión inferior, en lo racional, definido y tangible. Los chakras o centros de energía son un elemento central para regular cuán fuertemente pueden cerrarse o abrirse esos velos. Determinan cuán robótica o libremente podemos actuar; cambian el rango de nuestra percepción, nuestros sentimientos y nuestras elecciones. Los chakras afectan el flujo y los tipos de pensamientos que generamos, las energías que somos capaces de reunir para actuar y manifestar nuestros pensamientos, la relación entre la conciencia y el subconsciente en todos nuestros comportamientos. Cada chakra es una visión del mundo. Es un darshan. Es una perspectiva que organiza nuestros sentimientos, pensamientos y valores para relacionarnos con el mundo y actuar en él.

En el primer chakra, uno de los principales aspectos es la calidad y funciones de la tierra. Aquí «tierra» significa la etapa final de la manifestación en el campo de los sentidos, las áreas más públicas de la vida. Es también la zona más velada al espíritu, lo que se encuentra más profundamente envuelto por la ilusión de la separación, la soledad y lo tangible. Representa el funcionamiento de la mente y las emociones más inconscientes. El primer chakra es también el campo de los hábitos, el lugar del comportamiento automático. Es un recipiente de los patrones instintivos más profundos que usamos para sobrevivir.

La visión del segundo chakra está asociada con la imaginación, el deseo, la pasión, la dualidad y las polaridades, con el movimiento y el cambio, y, fundamentalmente, con la creatividad. Alguien dominado por la visión del segundo chakra ve el mundo en función de sus sensaciones, de sus deseos, sus impulsos, y busca satisfacer sus pasiones.

   

El tercer chakra es el centro de la energía, del poder de la voluntad, del sentido de control y coordinación. Es el más sutil de los tres primeros chakras, que conforman el triángulo inferior. Es la fuerza que impulsa a actuar y completar la conceptualización, las visualizaciones que se tienen en la vida. El tercer chakra es la fuente de reserva de energía del cuerpo. En esta área comienza la energía Kundalini. La reserva de energía almacenada aquí, se fortalece y pasa después por dos canales de reserva hacia la base de la columna, despertando así la Kundalini durmiente, enroscada en el primer chakra, que empieza así su viaje a través de la columna vertebral.

El cuarto chakra o chakra del corazón está regido por el elemento aire. A diferencia de los otros elementos, al aire no lo ves, su influencia es sutil. Por el aire despliegas tus emociones y cultivas la compasión y la capacidad de amar. Su símbolo es una estrella de seis puntas formada por dos triángulos, uno apuntando hacia arriba y el otro hacia abajo, que representa en el cuerpo el punto de equilibrio entre el flujo de la energía hacia el cielo y hacia la tierra. Los tres chakras inferiores contienen la capacidad de cultivar la destreza sobre los impulsos. Cuando se equilibra y se abre el cuarto chakra, llegas al verdadero primer nivel de la conciencia autorreflexiva, desde donde puedes verte a ti mismo a través de los ojos de los otros y entiendes que los demás son tan importantes como tú. En los primeros tres chakras estás regido por el «yo», en el cuarto empiezas a tener conciencia del «nosotros».

El quinto chakra es la verdadera entrada a lo milagroso y misterioso, ya que está regido por el elemento éter. Éter es la condición del espacio y del tiempo para que algo pueda existir. Es el inicio del proceso de manifestación. Si piensas en la secuencia de los elementos: éter, aire, fuego, agua y tierra, como si fueran fases o etapas del proceso de manifestación, reconocerás que el éter es el más sutil de todos. Cuando activas el quinto chakra, adquieres la percepción de lo sutil. Sabes estar alerta al principio de la causa y el efecto. Sabes cultivar una acción desde la implantación de la semilla. La semilla esencial es la Palabra y por eso el quinto chakra está asociado con el poder de la palabra, vach siddhi. El tipo de comunicación que se expresa desde el quinto chakra es muy directo. Se dicen las cosas como son: «es como es» y «que así sea». Representa el poder de la proyección. El poder del quinto chakra radica en que tu lengua y la lengua de Dios sean la misma.

El sexto chakra está situado en el entrecejo. Ajna significa «mando» (comandar, dominar, conocer, obtener maestría sobre algo). Éste es el chakra del dominio. Aquí es donde alcanzas la integración de la personalidad por encima del dualismo de la psicología humana. Desde aquí desarrollas el sentido de la intuición para saber en qué dirección deseas ir. Es aquí donde se juntan los principales canales de energía ida, pingala y shushumna, donde los tres ríos de tu energía interna se integran en uno. Cuando pasamos del quinto al sexto chakra estamos más allá de los elementos naturales. Hemos atravesado todas las transformaciones de nuestra experiencia ordinaria que están codificadas por la tierra, el agua, el fuego, el aire y el éter. No hay ningún elemento vinculado a la tierra asociado a los chakras superiores.

El séptimo chakra es también conocido como el chakra de la coronilla, el loto de mil pétalos o la décima puerta. Así como el sexto chakra está asociado con la luz sutil, el séptimo chakra está asociado con el sonido cósmico. Ahí, cuando se despierta la percepción, es como si escucharas el ruido ensordecedor de miles de truenos estallando simultáneamente. Los videntes antiguos intentaron captar ese sonido en el «gong». Si escuchas el gong con toda atención, todos tus nervios se estiran hasta su límite. La percepción del cuerpo y la imagen del cuerpo se disuelven en un flujo de sinestesia, un complejo de sensaciones provenientes de varios sentidos a la vez. Ante esa presión, tienes la opción de soltarte y entregarte a la experiencia o contraerte y salir de ella. La apertura del séptimo chakra tiene una condición clave: la humildad, la entrega, la capacidad de postrarse ante el Infinito. Por esto, en muchas tradiciones, las personas suelen inclinarse o postrarse ante la divinidad.

El aura es conocida en la tradición de Kundalini Yoga como el octavo chakra. Imagínatela ascendiendo por encima de tu cuerpo físico, y, mirándolo desde arriba, viendo una luz radiante que lo rodea con forma de óvalo o círculo. Se conoce como la fuerza circundante, la fuerza del escudo que rodea a todos los demás chakras. También tiene la apariencia de un chakra: un círculo o vórtice de energía, un lugar donde se concentra el flujo de la energía universal. Cuando esta fuerza circundante es fuerte, automáticamente se filtra cualquier influencia negativa. Cuando es débil, la persona es vulnerable a todo lo que sucede cerca de ella. Un aura fuerte hace que todos los demás chakras funcionen mejor. También se relaciona con la integridad de tu campo electromagnético. En general cambia de color, intensidad y tamaño dependiendo del estado físico general y de los pensamientos y sentimientos.

La sensación que se percibe a través de este campo, es la de «estar conectado». Nos entrelaza con el universo entero. El alma siente inmensa dicha al asociarse y residir en el cuarto chakra o en el aura, se afirma en la sensación de equilibrio y compasión cuando llega al cuarto chakra y descubre la amplitud y la realidad impersonal en el aura. El aura no se asocia con ningún elemento, sólo con el sentido o la sensación del Ser. Establece el campo de dominio y lo proyecta en todos los lugares con nuestra presencia. Al abrir y equilibrar los chakras, nuestros sentidos se expanden y se integran a una red sensible que puede vincularnos con el gran campo de energía del cual venimos y al cual volvemos. Kundalini es la hebra del Infinito que pasa a través del pequeño ojo de la aguja finita de la creación. Todas nuestras partes: el cuerpo entero, un órgano, una célula o una molécula, vibran y se relacionan con ese gran campo. Cada parte crea una combinación de energías de diferentes calidades, que puede ser la semilla a través de la cual el Infinito puede alinearse y manifestarse. Esto, que se ha sabido desde el principio de los tiempos, solía denominarse magia, chamanismo o alquimia, pero nunca fue un pensamiento oscuro o confuso. Es una forma de pensar que cruza varias dimensiones. Es el arte y la ciencia de tener una conversación con el alma. El único instrumento del ser humano consciente que puede reconocer y decodificar estas interconexiones es el alma o la conciencia misma. La ciencia ha desestimado en gran medida la validez de los maestros espirituales que pueden guiarnos hacia ese despertar de lo extraordinario en nosotros. Sin embargo, todos los maestros que han explorado los campos internos del humano posible, concuerdan en su trayectoria. Dicen que cada experiencia es única aunque contenga características comunes con muchas otras experiencias y su proceso manifieste diversas leyes generales.

   

El campo infinito que representas, en el que te fundamentas y manifiestas, es tan creativo, original y complejo que ningún individuo se ha repetido ni se repetirá nunca. Estás hecho con más amor, singularidad y potencial que eso. Por no haber surgido de la experiencia directa, numerosas clasificaciones intelectuales existentes sobre las etapas de la experiencia son falsas, son distracciones que traicionan, por su misma naturaleza, la humildad necesaria para acercarse al Infinito. No son auténticas. La expresión más auténtica del Infinito es la vida de un santo. El único registro real de los reinos conscientes superiores son nuestras acciones y nuestra compasión. Cada palabra, cada acción, cada éxito expresa la sintonía de cada individuo con la voluntad de Dios en el proceso real de la experiencia de vida. Por eso son tan útiles y poderosas las historias de vida de los santos y los recursos y técnicos de elevación por ellos descubiertos. Apuntan exactamente hacia la Luna aunque no sean la Luna misma. Te enseñan hacia dónde dirigir tu atención y cómo abatir los velos del ego. Transmiten metas, actitudes y creencias que te ayudan a aplicar una sadhana, una disciplina para lograr la auto iniciación y el despertar de Kundalini. Las puertas del Yo se van abriendo a medida que los chakras se equilibran y despiertan por medio del uso de técnicas específicas antes que por reglas generales de vida.

Cuando Yogui Bhajan comenzó a enseñar en 1969 e inició sus comentarios sobre los chakras, pidió a sus alumnos que estudiaran todas las referencias sobre los varios símbolos relacionados con los chakras y que se familiarizaran con ellos. Pero les advirtió también que, por ser él mismo un maestro en esas escrituras, sabía por experiencia que tales referencias te hacen dar vueltas en círculos, al igual que los chakras mismos. Por eso, para enseñar a sus discípulos a afirmarse siempre en la experiencia directa, al final de cada plática les daba siempre una kriya completa de Kundalini Yoga para equilibrar sus chakras, despertar la Kundalini y fortalecer en ellos los diferentes aspectos del cuerpo, la mente y el Ser.