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En el ámbito del yoga, se denomina āsana (en sánscrito आसन, pronunciado originalmente /ásana/ pero actualmente también /asána/)  a cada una de las distintas «posturas» que tienen como objetivo actuar sobre el cuerpo y la mente.

Según sus practicantes, las āsanas actúan por resonancia desde determinados centros energéticos situados principalmente a lo largo de la columna vertebral. Las claves de su práctica son la lentitud de movimientos (a la hora de hacer y deshacer el āsana), la fase estática (o de mantenimiento de la misma), la respiración lenta, consciente y dirigida, y la atención mental en estado de alerta y receptivo a lo que está sucediendo.

Un ejemplo de una serie de diversas āsanas es el «saludo al sol».

Las āsanas han acompañado al yoga desde antes de que Patañjali las estudiara en sus Yoga sūtras. Debido a que los textos sánscritos carecen de cronología, se desconoce exactamente cuándo los habitantes del subcontinente índico comenzaron a realizar meditación con posturas físicas.

En 1931, el arqueólogo británico sir John Marshall descubrió en Mojensho Daro (Pakistán) un sello de esteatita del siglo XVII a.C. de la cultura del valle del Indo, con una criatura antropomorfa con cuernos en una posición sentada con las piernas cruzadas. La similitud de esta postura con una āsana ha llevado a pensar a algunos escritores occidentales que en dicha cultura se conocía el yoga.

Durante siglos las āsanas han permanecido esencialmente invariables a pesar de la naturaleza oral de su enseñanza. En enero de 2008, la Biblioteca Digital de Conocimiento Tradicional (TKDL por sus siglas en inglés), una base de datos elaborada por científicos de la India, inició el registro de cientos de posturas de yoga para declararlas «propiedad pública» y evitar así que sean patentadas con fines lucrativos.

En el Yoga sūtra, Patañjali dice de āsana: «sthira sukham āsanam prayatna śaithilya ananta samāpattibhyām tataḥ dvandvāḥ anabhighātaḥ». Yoga sūtra II.46-48

Aunque admite numerosas interpretaciones, una traducción podría ser: «Āsana debe ser firme y gozosa / el esfuerzo se vuelve no-esfuerzo y se alcanza lo eterno / entonces las dualidades cesan». Ejecutada correctamente, la postura estabiliza no solo el cuerpo sino la mente, trayendo al practicante al momento presente, libre de la preocupación por el pasado o el futuro».

Las āsanas aseguran un físico fuerte y elástico, pero su efectividad radica en la capacidad para dominar la mente mediante la disciplina. A diferencia del deportista que sólo cuida su cuerpo, el yogui presta atención a la mente que acompaña a la acción durante la āsana. Es un proceso de sensibilización gradual durante el cual la consciencia debe empapar cada miembro, órgano y tejido. Según sus practicantes, sólo volcada completamente en la ejecución de una āsana la mente se tranquiliza y «las dualidades cesan».

diagrama de los 5 elementos  

Āsana es el tercero de los ocho miembros del Aṣṭāṅga yoga, y se considera fundamental para progresar en prāṇāyāma (ejercicios de respiración). A diferencia de otras técnicas espirituales, puede producir beneficios inmediatos sobre la salud del iniciado.

Las Āsanas más importantes son:

Padmāsana o «postura del loto»
Sālamba sarvāṅgāsana o «postura de la vela»
Sālamba śīrṣāsana o «postura sobre la cabeza»

Muchas personas se acercan a la práctica del yoga buscando sólo sus beneficios físicos, que se consiguen al poco tiempo de su práctica continuada. Entre ellos cabe mencionar la regulación de las funciones respiratoria, circulatoria, digestiva y glandular; el alivio de los males posturales, la tonificación del sistema muscular y el alivio de sus tensiones, el control de la ansiedad y el estrés, y grandes beneficios en todas las articulaciones del cuerpo, en especial la columna vertebral (a la cual el yoga otorga una importancia capital); la estimulación del sistema inmunológico; el control del peso (por los efectos que los ejercicios ejercen sobre el sistema endocrino), y un gran bienestar físico y emocional que ayuda a superar incluso cuadros de depresión.

El yoga beneficia a personas de todas las edades, pudiendo curar enfermedades crónicas como el asma o la hipertensión arterial, y prevenir dolencias de todo tipo. Esto se debe a que se registra una disminución de la presión sanguínea, de la frecuencia cardíaca y de la tasa de colesterol en sangre, y a que regula la producción hormonal y el flujo menstrual.